TLCAN y la estrategia
Mucho se ha descompuesto en la relación con Estados Unidos durante la presidencia del señor Trump. La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN o NAFTA por sus siglas en español o inglés, pudo y puede ser una oportunidad para mejorar la competitividad regional, pero inició por las razones incorrectas y hasta falsas.
EU no entró a renegociar el TLCAN con vistas a mejorar lo existente o a incluir otras actividades económicas que no existían en los noventa. EU entró a la renegociación para llevar la retórica política del señor Trump a la mesa de negociación. Hasta este momento, no ha habido propuestas concretas que traduzcan esa retórica en peticiones, pero eso puede pasar estos días. Reportes y chismes surgidos de los negociadores americanos informan que habrá propuestas que incluyan porcentajes de contenido nacional americano e incrementos en los porcentajes de contenido regional en la industria automotriz que ya es, de por sí, la industria a la que más alto contenido regional se le requiere.
Adicionalmente a ello, durante estos días ha habido varias declaraciones y tuits del señor Trump que se han encargado de calentar el ambiente. La sensación de esta nueva ronda de negociación en Washington es muy negativa y eso está empezando a causar incertidumbre, que nunca es buena para los negocios.
El gobierno mexicano tiene al mejor negociador de Norteamérica, el secretario Guajardo es un experto en comercio internacional, en TLCAN y en negociación, además de tener una lucidez e inteligencia extraordinaria. El problema es que no se puede razonar con la retórica o con las creencias fundadas en entendimientos y chismes que no se sustentan en datos. Se debe tener mucha serenidad, ya que el gobierno mexicano puede estar entrando a una encrucijada política, donde deba escoger entre el costo político en México o el costo político en EU. Me explico.
Si la retórica negativa sigue siendo lo que surja de las negociaciones, muchos en México a los que les gusta envolverse en la bandera nacional empezarán a pedir al gobierno que se levante de la mesa de negociación bajo el mexicanísimo grito de que hay que tener dignidad, que no hay huevos para levantarse de la mesa y que el propio gobierno deja a nuestros vecinos pisar la soberanía nacional. Estas presiones no tardan en aparecer de donde siempre vienen, de gente que profesa los libros de la SEP de 1974 como si fuesen la Biblia.
Nada convendría más al señor Trump que México fuera quien se levante de la mesa. Sería demostrar la intransigencia de quien se ha aprovechado de los trabajadores americanos y le daría una victoria política al señor Trump.
El gobierno mexicano debe de permanecer en la mesa de negociación bajo cualquier circunstancia. Debe negar todo aquello que es inaceptable o que va en contra del interés nacional, pero no debe dejar la negociación. Lo anterior por varias razones; si no hay acuerdos en la renegociación permanece lo que está, por lo que el escenario es el que aplica el día de hoy. Si el señor Trump cumple con su promesa inicial de denunciar el TLCAN (terminarlo) entonces habrá abierto un frente interno con la mayoría de las industrias que ya le avisaron que una terminación de TLCAN sería contraria a sus intereses. Como no está claro si el Presidente de Estados Unidos tiene las facultades constitucionales para denunciar un tratado comercial, el asunto acabará en la Suprema Corte de Estados Unidos. Si la Corte le da la razón al señor Trump muy rápido, quedarían seis meses de TLCAN como está. Si la Corte toma su tiempo en analizar la controversia constitucional, el TLCAN seguirá vigente mientras esto ocurre. Si la Corte solicita una ratificación del Congreso sobre la terminación, sería muy poco probable que lo ratificara y, por lo tanto, el TLCAN quedaría como está. Dos de estas tres opciones conllevan una derrota política enorme del señor Trump.
Por lo tanto, el gobierno mexicano requiere de firmeza y serenidad. Los actores políticos requieren responsabilidad y visión del interés nacional, pero en tiempos electorales con la clase política que tenemos, parece difícil.
