La izquierda latinoamericana
Las izquierdas en Latinoamérica quedan muy lejos de las izquierdas modernas europeas, ya que quedaron atrapadas en los años sesenta del siglo anterior y en el caudillismo. Las izquierdas en Europa no tuvieron la influencia cubana y guerrillera que idealizó a la izquierda separada de las realidades de cómo se maneja el poder, sobre todo en la economía. Las izquierdas modernas del mundo, o quizá sea mejor decir, las izquierdas viables del mundo han comprendido bien la frase de Eduardo Galeano de que “el poder es como un violín, se toma con la izquierda y se toca con la derecha”
Sin embargo, después de incontables éxitos de partidos de izquierda en Europa, el referente latinoamericano, a excepción de Chile, sigue siendo Cuba, ahora el chavismo y el Ché, pudiendo tener otros referentes como González, Mitterrand o Palme. Es prácticamente un error genético. Aun en dichos ejemplos de gestiones exitosas por gobiernos de partidos de izquierda, es común denominador el manejo liberal de la economía y la apertura comercial, dos concepciones que nuestra primitiva izquierda llama malvado neoliberalismo.
El problema de la concepción del neoliberalismo es que nosotros no hemos sido capaces de instaurarlo completamente. Nos ha tomado más de 30 años hacer un cambio estructural completo hacia el neoliberalismo total y que aún no llega, por causa de la oposición del PRI y la izquierda, por lo que es injusto culparla de nuestros males. No quiero tampoco pecar al omitir los defectos del neoliberalismo y que se requiere una mejor repartición de la riqueza vía los salarios, pero es el camino correcto.
Parece mentira ver que con lo que ha pasado con Argentina, Brasil y, el más escandaloso, Venezuela cuando llegan populistas de izquierda, algunos sigan pensando aquí que ése es el camino. El poder absoluto en un iluminado no ha sido exitoso en todo el mundo. Cabe mencionar, querido lector, que como en otras ocasiones lo he dicho, pienso que izquierda o derecha a estas alturas del partido no deberían ser coordenadas reales en la política, pero como estamos hablando de trasnochados, los tengo que poner ahí.
Las declaraciones de AMLO a últimas fechas deberían poner los pelos de punta a cualquiera, pero aquí no asustan mucho. La Reforma Energética está empezando a rendir frutos, pero él la quiere echar para atrás al sistema fallido anterior. El nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México ya va en una etapa avanzada de construcción, pero él lo quiere cancelar para dar una alternativa inviable, sin contar que cancelar la obra del nuevo aeropuerto podría costar 3% del PIB. Ya amenazó que cuando llegue al poder pedirá revisión de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con Norteamérica (luego dice que no se parece a Trump), metiendo elementos de incertidumbre en una negociación importantísima para México y minando los esfuerzos del equipo negociador de México. Esto último es una irresponsabilidad mayúscula cuando se juega lo que se juega ante quien se juega.
Desmantelar la economía de mercado, el debilitamiento de las instituciones para que un líder no tenga contrapesos y volver a la rectoría económica del Estado no ha sido una receta exitosa en cualquier parte del mundo. ¿Por qué habría de funcionar ésa aquí y ahora?
Se entiende bien el hartazgo ante la corrupción y la impunidad. A México lo que le falta es orden y Estado de derecho y eso se consigue fortaleciendo instituciones y no desacatando órdenes judiciales para sacar provecho político. Somos una democracia adolescente en proceso de maduración, pero para llegar a la madurez se debe seguir creciendo y reformando, sobre todo el sistema político que ha quedado desfasado con la economía, para repartir más el poder, pero más aún, la responsabilidad de quien gobierna. La comparación de EU y Venezuela son un aprendizaje, lo que hace un personaje ante instituciones fuertes y lo que puede hacer ante instituciones débiles.
El tema de Venezuela ha dejado a Morena desnudo ante los votantes, tanto en justificación, como en método, el gen lo trae.
