La ética y la casa

Como todos los años y cada vez más frecuente durante el año gracias a las cámaras de teléfonos celulares, se evidenció una bronca mayúscula en una graduación entre alumnos del Cumbres y del Irlandés donde varios acabaron en el hospital. Antes de entrar al tema, querido lector, déjeme decirle que no me espanta que existan peleas a golpes, siempre las ha habido y siempre las va a haber, es naturaleza humana. El problema reside en la causa de la pelea, que, sin duda, tiene que ver con la falta de límites como el consumo de alcohol y con una idea equivocada y solapada del modelo que debe tener el joven del extracto social alto de este país: el mirrey.

Nos quejamos mucho y con razón de la impunidad que existe en el Estado mexicano. La impunidad ha generado que no haya límites para que se cometan delitos. Entonces, en un país donde no se imponen los límites de manera coercitiva nos quedan la ética y los principios. ¿Por qué no saca usted una pistola y roba un reloj ahorita? Las probabilidades de que lo agarren son muy pocas, ¿qué lo detiene? La ética, la integridad y los principios, y ésos no se los dio el gobierno ni la escuela, se los dieron en su casa.

Cada vez es más común ver crisis de valores éticos en el extracto social que, por acceso a la educación y cultura, debería ser ejemplo virtuoso de ellos. Los padres, sin duda, somos los primeros responsables de esta crisis y de crear estos monstruos que creen que se merecen todo por tener tanto que ellos no tienen ningún mérito en generar; te lo mereces todo mijito por tu linda cara. Eso aunado a otros factores como que la movilidad social en México se hace a auspicio de transas con el gobierno y que no hay consecuencias para los excesos de muchos de estos jóvenes por los propios padres, se hace un cóctel molotov que no tiene virtud alguna.

Usted me dirá que siempre ha habido hijos de ricos, y tiene toda la razón, pero con el riesgo de sonar como abuelito, antes había valores éticos y cívicos que hoy han desaparecido. El junior de antes no es el mirrey de ahora. Son como el Doctor Jekyll y Mr. Hyde. Un componente adicional en nuestra enferma sociedad que circula como ciclo vicioso es la existencia descontrolada del guarura. En todos los países decentes del mundo el guardaespaldas es un mal necesario para ciertos personajes, por su responsabilidad política, fama o por una amenaza fundada. En México, en gran parte gracias a la inseguridad o al menos con esa justificación el guarura es símbolo de estatus. Lo que en otros lados es una molestia, en México “viste” para algunos personajes. Vea usted a todos los empresarios mexiquenses que tomaron el control de los negocios gubernamentales circulando por la Ciudad de México todos los días y verá que para ellos el guarura es estatus. Esto ha generado que el guarura se generalice sin que forzosamente sea una profesión regulada, controlada y capacitada, sino que tenemos muchos mamarrachos con traje y pistola, con permiso de portarla, eso sí, gracias a las conexiones del patrón.

No hay una cohesión de valores en la sociedad en general ni en temas en los que los padres tenemos un interés común. La diferencia de comportamientos, permisos y condiciones de vida dentro de un mismo colegio y la falta de solidaridad de los padres de familia para ponerse de acuerdo en los límites de una generación nos indica nuestra enfermedad. El egoísmo puro y duro. Como si no fuéramos parte de lo mismo y nuestros hijos no estuvieran bajo los riesgos que nuestra ceguera y excesos han creado. Es responsabilidad de los padres de familia impartir los valores éticos y cívicos, así como los límites que harán de nuestros hijos gente de bien o, en su defecto,  corruptos, transas y delincuentes.

Eduquemos a nuestros hijos, pongámonos de acuerdo en lo que es permisible o no y castiguemos socialmente lo que es inaceptable. El que haya consecuencias no sólo es responsabilidad de las autoridades, también lo es de nuestra familia y de nuestros círculos sociales, comunidades, etcétera. Así se forja una sociedad con valores.

Twitter:  @LlozanoO

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