El Ejército en las calles

Siempre he expresado mi malestar por el trato que le damos a las Fuerzas Armadas y la falta de una cultura de admiración por quien pone su vida en la línea para defender los intereses de la patria. Estas dos últimas semanas han sido especialmente duras y malas para las Fuerzas Armadas por el ataque de huachicoleros a una unidad del Ejército que resultó con la muerte de cuatro soldados y siete criminales. Pero más devastador aún para el prestigio del Ejército fue la divulgación de un video en el que un soldado ejecuta a un criminal con un tiro en la nuca. 
 

Hay una serie de personas, políticos y movimientos que les conviene defender los derechos humanos de delincuentes a costa de las Fuerzas Armadas. Eso en cualquier país decente sería suicidio político, pero como no vivimos en un país decente juzgamos con una superficialidad brutal a quienes deberíamos defender. Hay varios elementos a considerar para evitar el simplismo a la crítica de las Fuerzas Armadas.

Primero. Como es natural en nuestro país, un periodo de excepción se convierte en la norma a seguir, sin que haya habido una explicación de las posibles consecuencias de la toma de una decisión; me explico.

En una escena de la película llamada The Siege (perdone usted la comparación, pero a veces hasta Hollywood hace mejor trabajo que nuestros políticos), Denzel Washington es un agente del FBI en busca de células terroristas en Nueva York ante la inminencia de un ataque; en esa escena aparece Bruce Willis que es un general del ejército americano que informa a Washington de un término perentorio para que las autoridades civiles encuentren las células terroristas o el ejército tendría que actuar, pero deja claro que el ejército no es un “cuerpo de policía grande y verde” y queda claro que está en el mejor interés de la ciudad que las autoridades civiles hagan su trabajo, porque el ejército será devastador.

Cuando las Fuerzas Armadas fueron llamadas para llevar a cabo funciones policiales, no se les dio el marco regulatorio correcto, pero tampoco se les entregaron las facilidades para cumplir con el objetivo. Los ejércitos no están diseñados para detener y procesar, están entrenados para tomar control y matar. El hecho que un militar ejecute a un delincuente es una tragedia que está sobre otras tragedias consumadas, como la incapacidad de la autoridad civil de cumplir su función.

Segundo. No hay responsabilidades a autoridades civiles por sus omisiones, por lo que los gobernadores pueden seguir dedicándose a la obra pública mientras alguien hace el trabajo sucio por ellos.

La ejecución del delincuente puede ser una responsabilidad material del soldado, pero también es responsabilidad indirecta de autoridades estatales y municipales que no han hecho su trabajo durante años. Como en todo lo demás, no sabemos incentivar conductas, al no haber costo por llamar al Ejército a un estado a suplir a la policía, se convierte en algo fácil y gratis, por lo tanto, está incentivado. ¿Qué pasaría si el efecto legal inmediato de tener al Ejército en un municipio o estado fuera un juicio político y la destitución inmediata de autoridades civiles?

Tercero. No sé cuál sea la expectativa de muchos de los críticos de las violaciones de derechos humanos cometidos por las Fuerzas Armadas, respecto a las reglas de combate. Normalmente cuando el ejército intercede con la población de su propio país, es mediante la implementación de una ley marcial o de excepción que permite que las Fuerzas Armadas hagan su trabajo rápido y se pueda volver a la normalidad lo antes posible. Sin embargo, en México no hay los blanquillos suficientes para tomar dicha decisión, por lo que las Fuerzas Armadas están amarradas de una mano para actuar como lo saben hacer. Hay muchos lugares, municipios y territorios extensos que ameritaron, durante los últimos 11 años, la implantación de un Estado de Excepción.

En resumen, los soldados y marinos que sólo están poniendo la sangre y las balas son los perdedores políticos de esta guerra, mientras que los verdaderos responsables, delincuentes y autoridades civiles no se desgastan mucho. Es una injusticia en toda línea.

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