Maquinaria Panamericana
Después de un exitoso recorrido por varios festivales en los que ha recibido reconocimientos, como el de Guadalajara, Guanajuato, Monterrey y su nominación en Berlín, se estrenó la película Maquinaria Panamericana, coproducción MéxicoPolonia, dirigida por Joaquín ...
Después de un exitoso recorrido por varios festivales en los que ha recibido reconocimientos, como el de Guadalajara, Guanajuato, Monterrey y su nominación en Berlín, se estrenó la película Maquinaria Panamericana, coproducción México-Polonia, dirigida por Joaquín del Paso y coescrita por él junto con Lucy Pawlak.
Si algo ha caracterizado a los cineastas jóvenes que se han destacado en México y en el extranjero es que corren riesgos y se atreven a contar historias diferentes, de maneras también alejadas de lo convencional. Desarrollar un relato sobre la crisis laboral, y la forma en que afecta emocionalmente, tener incertidumbre en ese aspecto, no se ha hecho con suficiente frecuencia en nuestro cine.
Es el caso de Maquinaria Panamericana, que retrata una realidad muy actual de nuestro país, sumido en conflictos laborales, políticos, sociales, económicos, que afectan profundamente la moral, merman la esperanza y provocan inestabilidad colectiva. El guión de Joaquín del Paso y Lucy Pawlak explora ese México actual, pero a la vez parece ubicarse en un limbo casi surrealista en el interior de una fantasmagórica nave industrial que evoca la casa de El ángel exterminador en una película con guiños a Buñuel.
La acción transcurre en el microcosmos de una fábrica de equipo pesado para construcción llamada Maquinaria Panamericana. Nunca vemos el exterior, como si no existiera una vida fuera de los muros de la empresa. Los empleados inician sus actividades como cualquier viernes, cuando descubren que el dueño ha fallecido durante la noche y ha dejado a la empresa en bancarrota. De inmediato, un sentimiento de desprotección e incertidumbre, casi de orfandad, se apodera de todos. Uno de ellos toma el liderazgo, y convertido casi en líder religioso, predicador-aspiracional, convence a sus compañeros de que pueden salvar la empresa y recuperar sus empleos. Cierran las puertas y deciden que nadie sale ni entra mientras se dan a la tarea, que raya en el absurdo, de revisar documentos, archivos, equipos, refacciones, en busca de explicaciones a la quiebra y de material útil que pueda traducirse en dinero.
El reparto es un gran acierto en Maquinaria Panamericana. Es una historia coral y los actores no son muy conocidos e incluso algunos no son profesionales, lo cual aporta cierta dosis de sobreactuación que, lejos de hacer daño a la película se integra bien a su lenguaje. Están deliberadamente definidos los estereotipos de la secretaria, la del conmutador, el velador, los contadores, los obreros, etcétera. Todos parecen entrar en una suerte de frenesí o de trance que los arrastra en un ánimo de euforia, casi de locura. Contagiados de una embriagante histeria colectiva, los empleados de la empresa actúan como si no hubiera mañana, esa palabra que tantos cuestionamientos despierta en la clase trabajadora mexicana.
Es una película desconcertante, hipnótica, con un sentido del humor que por momentos se percibe despiadado, pero que retrata lo que somos aquí y ahora.
Muy recomendable.
