El planeta de los simios: Confrontación
Seguimos en plena temporada veraniega de estrenos hollywoodenses en la que hasta el momento los dos blockbusters más o menos destacados son XMen: Días del futuro pasado y El planeta de los simios: Confrontación The dawn of the planet of the apes, Estados Unidos, 2014. En ...
Seguimos en plena temporada veraniega de estrenos hollywoodenses en la que hasta el momento los dos blockbusters más o menos destacados son X-Men: Días del futuro pasado y El planeta de los simios: Confrontación (The dawn of the planet of the apes, Estados Unidos, 2014).
En 1968, Rod Serling, el creador de la serie Dimensión desconocida (The twilight zone), y Michael Wilson, ambos reconocidos escritores de cine y televisión, adaptaron para el cine la novela de Pierre Boulle, El planeta de los simios. Bajo la dirección de Franklin Schaffner hoy es todo un clásico de culto del género de ciencia ficción. La carismática actuación de Charlton Heston como el astronauta que, tras chocar contra un planeta misterioso, es capturado por una comunidad de simios inteligentes, no acaba de encontrar paralelo entre ninguno de los actores que han protagonizado las repeticiones, secuelas y la serie de televisión: James Franciscus, Mark Walhberg, James Franco no alcanzaron ese complejo y convincente puente de comunicación con los simios.
El planeta de los simios: Confrontación es la octava película de la franquicia y también la continuación de El origen del planeta de los simios, de 2011 que, hacia su final, deja abierta la puerta para la secuela cuando César, un simio de laboratorio en el que se empieza a observar la evolución de la inteligencia, se retira a vivir con los de su especie, y al mismo un extraño virus amenaza acabar con los hombres.
El director Matt Reeves, que de la televisión pasó al largometraje con Monstruo: Cloverfield, y la versión estadunidense de la sueca Déjame entrar, junto con los escritores Mark Bomback, Rick Jaffa y Amanda Silver,
—involucrados también con la anterior— retoman la historia diez años después cuando la epidemia casi ha exterminado al género humano que se ha concentrado en pequeñas comunidades, de las cuales muchas no cuentan ya con servicios, el paisaje es apocalíptico y la esperanza de vida se agota.
Por su parte, los simios, bajo el liderazgo de César, se han instalado en los bosques y se han desarrollado pacíficamente haciéndose cada vez más patente la evolución de sus cerebros. Ambas comunidades han dejado de tener enfrentamientos, pero la necesidad de generar energía por medio de una presa que se encuentra justamente en los bosques que habitan los simios, hace que un grupo de hombres se infiltre en lo que parece un santuario de vida pacífica y armoniosa de los simios.
Con un guión sólido se sucede en la primera parte el desfile de personajes entre los que destaca César, que ya fue interpretado por el inglés Andy Serkis en El origen del planeta de los simios y hace un notable trabajo dotando al simio de humanidad, liderazgo, sensibilidad, sabiduría, nobleza, fuerza, respeto por la familia, hasta de perdón; es un ser mucho más maduro. Por medio de la digitalización y su lenguaje corporal con la gesticulación en su rostro, se construye de la nada al protagonista más importante del relato. César es un personaje que se queda en la memoria, como sucede con Golum de El señor de los Anillos o su recreación de King Kong en la película de ese título dirigida por Peter Jackson.
La primera parte de El planeta de los simios: Confrontación, hace un planteamiento atractivo cuando accidentalmente simios y humanos se encuentran después de dos años de no saber nada los unos de los otros. Todo el proceso de negociación nos va atrapando, y permite conocer a los distintos miembros de cada comunidad. De momento las buenas intenciones y la prudencia prevalecen, pero hay un bien logrado ambiente de tensión previo a que se declaren las hostilidades en un muy predecible giro, en el que los resentidos y escépticos de ambos bandos: el personaje de Gary Oldman en los humanos, y Koba en los simios, no pueden evitar que afloren sus odios y temores y generan la larguísima confrontación de la tercera parte.
La guerra tiene lo mismo que todas las guerras con secuencias realistas que hacen olvidar que no son simios de carne y hueso. No aporta nada más que la espectacularidad que permite la tecnología rayando en la perfección.
Lo mejor: el trabajo de Andy Serkis que ya pugna por una categoría de premios que contemple el trabajo de los actores de “captura en movimiento”.
Recomendable.
