No es exagerado decir que la llegada del fenómeno de El Niño debe ser uno de los temas prioritarios en la conversación pública, porque como lo ha señalado la comunidad científica se desarrolla en un planeta con un calentamiento de 1.46 grados centígrados con respecto al periodo preindustrial. Sí, el sistema climático es muy distinto a cuando ocurrieron los eventos de El Niño en 1877-1878 (que causó hambrunas en el mundo), 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, catalogados como muy severos, que forman parte de la referencia histórica con la cual se realizan las comparaciones.
Las proyecciones del Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) apuntan a 95% de probabilidad de que El Niño que se gesta alcance una intensidad “muy fuerte durante el otoño e invierno de 2026-27”, incluso puede llevarse el título del más severo del siglo XXI. La anomalía proyectada en la temperatura superficial del mar podría alcanzar los 3.5 grados centígrados en el Pacífico ecuatorial, un valor sin precedentes.
Sí, el cambio climático de origen antropogénico alimenta la fuerza de este fenómeno, capaz de alterar simultáneamente temperatura, lluvias, sequías y la actividad atmosférica en todo el planeta.
Sí, este episodio en un planeta mucho más cálido es capaz de amplificar riesgos en la disponibilidad de agua, producción de alimentos, incendios, inundaciones y otros eventos extremos, como advirtió Andreas Fischlin, excopresidente del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) y profesor de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, incluso causará inseguridad alimentaria para 49 millones de personas en 45 países hacia finales del próximo año, además, Centro y Sudamérica, África y Asia sufrirían impactos más agudos.
Este escenario basado en ciencia, analizado durante el seminario El Niño 2026: la liga con la emergencia climática global, qué esperar y cómo prepararnos, organizado por Iniciativa Climática de México (ICM) y el Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) de la UNAM, puede verse como un punto de partida.
La frecuencia de los episodios intensos de El Niño ha aumentado desde 1960, pero la combinación de factores para el ciclo 2026-2027 es inédita, aseguró Francisco Estrada, coordinador del PINCC. Sobre nuestro país, llega a un territorio que ya experimenta un calentamiento de 1.9 grados centígrados, muy por encima del promedio global.
Entre los datos que ofreció el investigador destaca que los episodios extremos de 1997-1998 y 2015-2016 estuvieron asociados con pérdidas globales calculadas entre dos y cuatro billones de dólares y los impactos económicos podrían aumentar con este evento.
El Niño y la crisis del clima en México también presionarán el sistema energético y la salud pública, porque no están en la mejor situación, así, 2027 se vislumbra mucho más comprometido.
La secuencia de impactos se prevé en dos etapas diferenciadas que exigen una respuesta territorial específica.
Si bien por el momento los huracanes no han sido noticia en los titulares de los diarios y noticiarios, Jorge Zavala, investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, advirtió que hacia finales de este año el Pacífico mexicano enfrentará una mayor probabilidad de que ocurran éstos y con categorías mayores, porque estarán alimentados por agua caliente. Simultáneamente, las precipitaciones disminuirán respecto al promedio histórico durante el cierre de esta temporada de lluvias. Sin embargo, el riesgo más severo se desplaza hacia el primer semestre del próximo año.
Por si fuera poco, Zavala proyectó temperaturas que podrían rebasar los límites de la resistencia y tolerancia humana en varias regiones del país, es decir, olas de calor más severas y de mayor duración.
Aunque las condiciones son muy distintas entre lo que han vivido varios países de Europa con la ola de calor y lo que se prevé para México, sí podemos hacernos una idea de días con calor sofocante y noches tan cálidas que el sueño es imposible de conciliar, difícil respirar.
¿Está usted preparado para ello? ¿El sistema eléctrico nacional aguantará sin cortes sabiendo que la gente querrá refrescarse, ya no se diga con aire acondicionado, sino con uno o varios ventiladores en casa?
Desde el ámbito institucional ya se trabaja, no sólo para la llegada de El Niño, sino también en adaptación a la crisis climática, y eso es un avance importante, después del tiempo perdido por la inacción y desinterés del gobierno pasado.
Existen escenarios para identificar municipios vulnerables, reforzar sistemas de alerta temprana, ajustar calendarios agrícolas, proteger infraestructura crítica y fortalecer la respuesta ante calor extremo e incendios.
El fenómeno de El Niño 2026-2027 pondrá a prueba la capacidad de México para traducir el conocimiento científico en política pública efectiva.
Como sintetizó Adrián Fernández Bremauntz, director ejecutivo de ICM, la diferencia fundamental entre gestionar un riesgo y gestionar una tragedia radica en la capacidad de actuar antes de que los impactos cobren vidas. El monitoreo constante de la temperatura oceánica y las proyecciones meteorológicas nos otorgan una ventaja inestimable: tiempo.
¿Estamos preparados para El Niño más severo? La respuesta no es sí o no, porque todo dependerá de la responsabilidad ineludible de utilizar la evidencia científica como una guía de acción inmediata para proteger a las regiones y comunidades más vulnerables de México.
