Votar por una nueva realidad
A finales del siglo pasado visité Canadá y recuerdo la sorpresa que me llevé cuando conocí la zona donde habitan las personas con menores recursos económicos. Sus casas eran mejores que muchas de clase media en México, lo que me hizo entender por qué a nivel mundial se ubicaba la extrema pobreza a familias con ingresos inferiores a un dólar al día
En octubre de 2013 tuve la gran oportunidad de conocer Corea del Sur, una nación de la que leí mucho en los noventa, porque es uno de los cuatro tigres asiáticos: Taiwán, Corea del Sur, Singapur y Hong Kong, que sorprendieron al mundo por el avance vertiginoso de su economía, basado en una apuesta por la educación para el desarrollo tecnológico y el impulso a empresas que tradujeron el nuevo conocimiento en avances tangibles en salud, seguridad social y, por supuesto, economía.
Una nación bella, limpia, que también es conocida por sus producciones cinematográficas. Cuando la conocí, hace sólo 11 años, el mundo cantaba el Gangnam Style y los coreanos estaban entusiasmados en incursionar en el mundo del espectáculo, por eso invirtieron mucho en su escuela de cine y producción audiovisual, que visité. Hoy, todos conocemos las producciones que han marcado tendencias de audiencia en el mundo, como El Juego del Calamar, por ejemplo.
Las marcas LG y Samsung son altamente consumidas en esa nación, porque son suyas y se sienten orgullosos de haberlo logrado. Los coreanos sienten que cada uno de ellos es responsable del éxito económico que ha tenido su nación, que ya en 2013 tenía hospitales públicos altamente inteligentes, los pacientes portan en su smartphone sus expedientes clínicos y el pago en efectivo en las tiendas ya era poco común.
- Ese año, también tuve la oportunidad de conocer Países Bajos, que en América Latina conocemos más como Holanda. La ciudad de Ámsterdam me pareció hermosa, con personas que entraban a lugares para fumar mariguana con total libertad, que recorren sus calles en bicicleta, por lo que hay muchos lugares donde dejarlas. Incluso se pueden dejar tiradas a la mitad de la calle y nadie las toca. No se las roban.
Como tampoco hay personas que se metan sin pagar al metro, al tren o a los autobuses, aunque no existen torniquetes ni alertas de que se pasa sin pagar. Es sorprendente ver cómo cada ciudadano coloca su tarjeta electrónica de viaje para marcar su ingreso y salida del transporte público.
Con un amigo brasileño hicimos el experimento de dejar su equipo de fotografía en el andén del tren y vimos cómo la gente llegaba, se sentaba, se iba y jamás tocó el equipo. Hasta que regresamos por él.
A finales del siglo pasado visité Canadá y recuerdo la sorpresa que me llevé cuando conocí la zona donde habitan las personas con menores recursos económicos. Sus casas eran mejores que muchas de clase media en México, lo que me hizo entender por qué a nivel mundial se ubicaba la extrema pobreza a familias con ingresos inferiores a un dólar al día.
La profesión de periodista me ha permitido visitar muchos países muy diferentes a México.
Ciudades como Viena, Roma, Londres, París, Madrid, Chicago y Nueva York han dejado huellas imborrables en mi vida, pero también el anhelo de que México pueda ser una nación como esos países que albergan a esas ciudades con altos niveles de educación, con desarrollo tecnológico que le permita un crecimiento económico, donde la pobreza no sea más el comer agua con harina, sino tener una vivienda como las de Canadá, donde los ciudadanos se respeten, no se roben entre ellos; donde se pueda ser libre, sin temor alguno para decidir lo que consume y lo que hace de su vida.
Una nación con excelentes servicios, conectada totalmente con la tecnología. Una nación donde exista la tolerancia y la polarización se erradique. Un país en el que trabajemos juntos para hacer crecer nuestra economía. Una nación donde aspirar a ser cada día mejor sea una virtud y no un defecto. Un país donde la pobreza duela tanto que nos lleve a todos a unirnos para erradicarla, no con limosnas, sino con mejores empleos y servicios de salud y de educación.
Cada vez que estoy frente a una urna pienso en esos anhelos.
¿Tú, con cuál México del futuro sueñas?
