El caso de Luisa María Alcalde me recuerda mucho una frase que el maestro perfumista Giuseppe Baldini le dice a su discípulo Jean-Baptiste Grenouille, en la maravillosa novela de El Perfume, de Patrick Süskind: “El talento sirve de muy poco, si no va acompañado por la experiencia, que se logra a fuerza de modestia y dedicación”.
Cuando hasta tus aliados celebran tu retiro es señal que necesitas modestia y dedicación para construir tu experiencia, porque la realidad siempre se impone. Luisa María Alcalde se mantiene como la dirigente formal de Morena, pero en los hechos, quedó acotada.
Citlalli Hernández tomará las riendas del corazón del partido: la definición de las candidaturas y de la coalición con el Verde y el PT rumbo a las elecciones del próximo año.
Siempre sobrios y respetuosos sobre las decisiones internas de Morena, en esta ocasión los verdes y los petistas decidieron tomar una ruta distinta y expesar en público el júbilo que les provocó la llegada de Citlalli Hernández, con quien dialogaron en 2023 y 2024 para construir la alianza que los llevó al triunfo electoral absoluto.
Y la historia que explica ese júbilo es breve, pero contundente.
El pasado 10 de febrero, en las páginas de Excélsior relaté que la mesa de diálogo para la construcción de la iniciativa de reforma electoral se tensó el viernes 6 de febrero, luego de que la dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde, desconoció los acuerdos que había logrado el Partido del Trabajo y les expresara: “¿Ustedes quién se creen?” para exigir cambios a la reforma.
Esa mesa de diálogo entre Morena, Partido Verde y Partido del Trabajo fue la primera a la que asistió Luisa María Alcalde, de acuerdo con el relato compartido por algunos de los asistentes. La dirigente de Morena comenzó a revisar los documentos y preguntaba: “¿Esto quién lo propuso?”. Aunque la respuesta fuera que se trataba de partes originales del documento trabajado por Pablo Gómez, ella respondió: “Nosotros no estamos de acuerdo”.
Las mesas de diálogo habían avanzado hasta entonces en encontrar el cómo hacer realidad tres temas torales: disminución del financiamiento público a los partidos políticos, plurinominales y sobrerrepresentación. La posición del Verde y del PT era que se encontraran nuevas fórmulas, siempre en apego a garantizar la equidad en las contiendas y que no significaran una regresión.
Pero Luisa María Alcalde expresó que no estaba de acuerdo. Que la posición era que los plurinominales se sometieran a votación, que se redujera el presupuesto a los partidos políticos sin modifcar la fórmula y ante la insistencia de sus aliados políticos, en particular el PT, ella les lanzó un “¿ustedes quién se creen?”, a lo que el petista Benjamín Robles Montoya respondió que si esa iba a ser la posición, de cerrazón, pues no tenía caso continuar con el diálogo.
Y, aunque después se intentó corregir, no se logró. La reforma electoral se frustó y, como cereza del pastel, el PT se opuso al adelanto de la revocación de mandato, con lo cual el Plan B nació mocho.
En ese contexto, el pasado 26 de marzo comenzó la Mesa Nacional de la Coalición, donde Morena, Verde y PT construyen lazos para ir juntos en las elecciones de 2027, en apego a sus propios intereses.
Los anuncios públicos de que el Verde va solo en San Luis Potosí y en la Ciudad de México encendieron alertas y se ejecutó la decisión que se tomó en marzo, después del desplante de Luisa María en la mesa de la reforma electoral: que Citlalli Hernández sea la responsable del diálogo y los acuerdos con los aliados electorales.
El Partido Verde y el PT ya crecieron. Las elecciones en Veracruz y en Durango le demostraron a Morena que sus aliados pesan, pero además, el límite de la sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados le impide a Morena tener por sí misma la mayoría calificada para aprobar reformas constitucionales y necesita del Verde y del PT.
Por eso los dos meses de desencuentros entre Morena, Verde y PT me recuerdan la lección del maestro perfumista Giuseppe Baldini a su discípulo Jean-Baptiste Grenouille.
