El enojo ciudadano y la soberbia morenista
En conversaciones con legisladores federales morenistas es posible detectar que ellos han comenzado a vivir esos momentos de crítica por parte de algunos ciudadanos. En el PRI de 2016 no supieron cómo reaccionar ni cómo enlazar esfuerzos con la Presidencia de la República para atajar la inconformidad. En este 2025, los morenistas que detectan estas expresiones simplemente son ignorados.
Más allá de las encuestas de popularidad y de las posibilidades de mantener el poder e, incluso extenderlo, el oficialismo ha comenzado a sentir la crítica de ciudadanos inconformes con temas como inseguridad, incremento de precios, pago de impuestos, impunidad y los excesos de los políticos.
Y no me refiero a la inconformidad que se muestra en redes sociales, donde la existencia de granjas de bots alteran la percepción, sino a la que se escucha y se siente en la realidad de las calles, las colonias, las regiones del país.
La reciente reforma al servicio de agua generó mucho más malestar del que se observa, porque ahora hasta la recolección del agua de lluvia será regulada por la autoridad federal y los agricultores ya no tendrán libertad en el uso de los pozos que tienen en concesión.
Pero no es la única.
El alza en las tarifas de servicios y productos públicos, así como de aranceles a miles de mercancías que llegan desde Asia, a partir del próximo año, lo que repercutirá en el alza de precio en los productos que son mayoritariamente consumidos por los grandes grupos sociales con menores ingresos económicos, abrieron un frente de crítica que no necesariamente es soterrada, sino que se puede escuchar en el transporte público, en los mercados o en las fondas. Conversaciones que incluyen majaderías que se lanzan hacia algunos políticos que toman esas decisiones.
En 2016, los entonces senadores del PRI comenzaron a escuchar la crítica fuerte cuando acudían a sus estados a hacer recorridos.
Para entonces se había concretado la mayoría de las llamadas reformas estructurales y la fiscal provocó el mayor enojo entre su electorado, al grado que en esas reuniones comenzaron a escuchar hasta ofensas personales. La mentada de madre fue constante para ellos.
Recuerdo que una senadora priista me explicó que cuando los ciudadanos comienzan a expresar ofensas hacia los políticos en las conversaciones cotidianas es señal inequívoca de que el hartazgo puede sepultar el futuro de una fuerza política.
Desde 2016, los legisladores federales priistas intuían la tarea titánica que iban a significar las elecciones de 2018, como efecto de esa creciente crítica a las decisiones tomadas en el Congreso de la Unión y la presidencia de Enrique Peña Nieto.
Por supuesto que en 2016 también pesaba como losa el creciente número de escándalos de corrupción que protagonizaban diversos gobernadores o funcionarios federales priistas.
En conversaciones con legisladores federales morenistas es posible detectar que ellos han comenzado a vivir esos momentos de crítica por parte de algunos ciudadanos. En el PRI de 2016 no supieron cómo reaccionar ni cómo enlazar esfuerzos con la Presidencia de la República para atajar la inconformidad. En este 2025, los morenistas que detectan estas expresiones simplemente son ignorados.
En el ánimo ciudadano pesan mucho los excesos de legisladores federales que se dicen “del pueblo”, pero que se enriquecen tanto o más que los viejos políticos abusivos. Las críticas a la exhibición de gastos millonarios, que alejan a los políticos de los millones de mexicanos que lidian con el alza de precios, son cada vez más frecuentes.
“No nos van a engañar ni van a engañar al pueblo con sus mentiras de que no sabemos lo que hacemos”, expresó la senadora morenista Margarita Valdez el pasado 10 de diciembre, cuando en su última sesión, el pleno del Senado aprobó la prohibición de los vapeadores que son altamente populares entre los jóvenes, que no dejarán de consumirlos, incluso como un acto de rebeldía, pero que ahora lo harán con el alto riesgo que implica comprar un producto clandestino.
En breve, cuando comiencen su llamada “campaña de tierra”, los morenistas podrán percibir el ánimo social frente a reformas que hoy no son tan populares como creen.
Quizá esta vez el “no es cierto” no sea una defensa suficiente para atajar la realidad.
