Sobre el loco de Teotihuacan

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

El lunes pasado, Julio César Jasso Ramírez, de 27 años, escaló la Pirámide de la Luna en la majestuosa zona arqueológica de Teotihuacan. Desde la parte superior, sacó una arma de fuego calibre .38 y comenzó a disparar contra un grupo de turistas. Tomó, además, a rehenes provocando un pánico masivo entre los visitantes, algunos de los cuales resultaron heridos por caídas durante el caos.

Elementos de la Guardia Nacional y la Secretaría de Seguridad del Estado de México arribaron al lugar. Al verse acorralado por las fuerzas de seguridad, Julio César se suicidó. El saldo final fueron dos personas muertas (una turista canadiense de 29 años y el propio Jasso Ramírez) más 13 personas lesionadas, algunos con heridas de bala. 

Durante el ataque, varias personas grabaron videos en los que se escuchan los gritos, órdenes y amenazas directas del agresor. Con un tono agresivo y lenguaje violento amedrenta a los presentes con declaraciones como: “Y vosotros, y mierda, que habéis venido de la puta Europa no vais a regresar. Si os movéis, os sacrifico. Eso se construyó para sacrificar, cabrones, no para que vengáis a sacar la putita foto de mierda. ¿Lo veis? Cumplo mi palabra”. 

Extraño, para un mexicano originario de Guerrero, utilizar este tipo de español más ibérico. 

Inmediatamente después del tiroteo, comenzaron las especulaciones en torno a este individuo. El fiscal del Edomex, José Luis Cervantes, adelantó la hipótesis de un “perfil psicopático” con una tendencia de copycat, es decir, “copiar situaciones que sucedieron en otros lugares, en otros momentos y por otros personajes”. 

En las investigaciones encontraron que Jasso Ramírez tenía “literatura alusiva a agresiones y a figuras que tienen que ver con este tipo de acciones violentas”. Se menciona, por ejemplo, el tiroteo masivo que ocurrió el 20 de abril de 1999 en la escuela secundaria Columbine, en Colorado, en el cual 13 estudiantes y un profesor fueron asesinados. No es gratuito, en este sentido, que el tiroteo en Teotihuacan haya tenido lugar la misma fecha 27 años después. 

No hay duda de que Jasso Ramírez tenía algún tipo de desequilibrio psicológico. 

Quería llamar la atención y lo logró. 

¿Para qué?

Puede que haya sido por una personalidad narcisista. El narcisismo desbocado precisamente se caracteriza por un sentido exagerado de grandiosidad, falta de empatía, necesidad de admiración, manipulación y fragilidad emocional.

Puede ser que haya sido esquizofrénico y simplemente siguió las órdenes de voces que le mandaban que hiciera el tiroteo. 

También puede ser, como me lo hizo ver ayer Mauricio Meschoulam, que haya llegado a México un fenómeno que está creciendo en el mundo entero: el terrorismo nihilista. 

Se trata de “una forma de violencia política en la que el objetivo no es construir algo nuevo, sino destruir, desestabilizar o expresar rechazo absoluto al orden existente, muchas veces sin un programa político claro”.

A diferencia del terrorismo tradicional, el nihilista no tiene un proyecto ideológico, religioso o nacionalista. Suelen atacar lugares simbólicos por una mera motivación existencial o emocional. Se sienten enojados, desesperados y alienados. Es una expresión muy individualista. Son “lobos solitarios”, actores que no están afiliados a una organización definida. 

Este concepto analítico, no tanto sicológico, encaja con el tiroteo realizado por Jasso. Escogió un lugar muy simbólico, las pirámides de Teotihuacan, para expresar su enojo en contra de la presencia de extranjeros en un lugar sagrado para las culturas mesoamericanas. Quería negar y destruir. 

Un elemento central en este tipo de terrorismo nihilista es la búsqueda de notoriedad. Jasso pretendía darse a conocer y vaya que lo logró. La noticia del tiroteo en Teotihuacan le dio la vuelta al mundo. Esto no es poca cosa viniendo de un país, México, que produce cotidianamente muchas historias de violencia que ya ni se reportan. 

La violencia nihilista busca impacto, notoriedad y efecto simbólico. Las redes sociales se vuelven el canal perfecto para eso. 

Aquí retomo otro concepto que me comentó ayer la criminóloga Katherine Olier. Lo que hizo Julio César en la Pirámide de la Luna fue un “performance” en búsqueda de visibilidad. Muchos turistas captaron la escena que inmediatamente se volvió viral en las redes sociales. De esta forma, el asesino se convirtió en un evento global inmediato. 

La combinación de cobertura masiva más viralidad en las redes aumenta la probabilidad de imitadores, es decir, de copycat. 

En esta época en donde todos tenemos una cámara, la violencia puede convertirse en espectáculo. Es lo que, por desgracia, vimos el lunes en Teotihuacan gracias a un loco nihilista. 

X: @leozuckermann