El peso de la innovación 

Juana Ramírez

Juana Ramírez

El Arco de Juana

El 22 de julio la Cofepris otorgó el registro sanitario a orforglipron, de Eli Lilly, la presentación oral de su GLP-1 y apenas unas semanas después, el 18 de agosto, se anunció también la aprobación de semaglutida oral de 25 mg, de Novo Nordisk, para el manejo del sobrepeso y la obesidad.  

Dos medicamentos distintos, dos compañías competidoras y una misma señal: la revolución de los GLP-1 está entrando en una nueva etapa. Y ahora cabe en una pastilla.

Durante décadas, frente a la obesidad repetimos dos posturas: una de negación tratando de defenderla como un mero asunto de tallas o estética y otra de sobresimplificación, planteando que su abordaje sólo requería una receta aparentemente sencilla: comer menos, moverse más y tener fuerza de voluntad. Mientras tanto, la enfermedad siguió creciendo hasta convertirse en un verdadero problema de salud pública en el mundo. 

Hoy, más de siete de cada diez adultos mexicanos viven con sobrepeso u obesidad. Y detrás de esos kilos están algunas de las enfermedades que más enferman, incapacitan y matan en nuestro país: diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad cardiovascular, enfermedad renal y algunos tipos de cáncer.

Por eso los agonistas del receptor GLP-1 han generado algo más profundo que una moda para bajar de peso. Semaglutida, tirzepatida y otros medicamentos de esta nueva generación demuestran que intervenir farmacológicamente los mecanismos que regulan apetito, saciedad y metabolismo puede producir reducciones de peso que hace algunos años parecían difíciles de alcanzar sin cirugía.

La vía oral podría derribar una barrera importante. Para muchas personas, tomar una tableta diariamente es más aceptable que una inyección, lo que seguramente ampliará el universo de pacientes dispuestos a recibir tratamiento cambiando la escala del mercado y, eventualmente, de la intervención sanitaria.

La semaglutida oral de 25 mg mostró en el estudio OASIS 4 una pérdida promedio cercana a 17% del peso corporal después de 64 semanas; uno de cada tres participantes perdió 20% o más. Orforglipron, por su parte, representa otra innovación interesante: es una molécula pequeña, no peptídica, diseñada para administrarse una vez al día por vía oral.

Pero más importante que comparar porcentajes, moléculas o laboratorios es entender lo que está cambiando detrás de ellos. Estamos comenzando a tratar la obesidad como lo que es: una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, y no simplemente como el resultado de comer demasiado o moverse poco.

Eso no significa que la alimentación saludable y el ejercicio hayan dejado de importar. Significa reconocer que para millones de personas pueden no ser suficientes por sí solos y que el tratamiento de la obesidad debe parecerse cada vez más al de otras enfermedades crónicas: prevención, diagnóstico, seguimiento, cambios en el estilo de vida y, cuando exista indicación médica, tratamiento farmacológico.

Pero, ¿quién podrá pagar esta revolución?, porque tener medicamentos capaces de modificar la historia natural de una enfermedad no equivale automáticamente a modificar la historia de la salud pública.

El debate ya no será únicamente médico —cuál medicamento consigue una mayor pérdida de peso—. Tendremos que discutir quiénes deben recibirlos, bajo qué criterios clínicos, durante cuánto tiempo, cómo evitar su banalización estética y su utilización sin supervisión médica y, especialmente, cuál será su lugar dentro de las instituciones públicas de salud.

También tendremos que hacer cuentas. Porque estos medicamentos cuestan y aún no están al alcance de la mayoría, pero la obesidad no tratada también: consultas, hospitalizaciones, diabetes, enfermedad cardiovascular, insuficiencia renal, discapacidad y años de vida perdidos.

La innovación científica está avanzando extraordinariamente rápido. Ahora el desafío es conseguir que la innovación sanitaria avance al mismo ritmo.

La revolución de los GLP-1 ya cabe en una pastilla. Ahora el reto será conseguir que también quepa en el presupuesto de salud y en el bolsillo de quienes la necesitan.