Su nombre: Pemba José (Pemba significa “sábado” en sherpa, día en el que fue activado, y José por ser uno de los nombres más comunes en Ecuador). Su logro: haber alcanzado la cúspide de una montaña de más de 6,000 metros de altura.
Pero, si usted piensa que con esa información la columna ha perdido su gracia, regáleme unos minutos más de su tiempo para narrarle los qué, quiénes y cómo de tal hazaña.
Pues resulta que la montaña más alta del globo terráqueo y el punto más cercano al Sol, medido desde el centro de la Tierra, es el Chimborazo, ubicado en Ecuador. Como lo escribí, alcanza los 6,263 metros de altura y su punto más extremo fue conquistado por Pemba José. Este robot humanoide formó parte de un proyecto liderado por el español Pablo Berlanga, de 23 años, y su socia ecuatoriana, Titania Freire. La organización sin ánimo de lucro que respaldó el reto fue Geologic Dome y el robot empleado corresponde al modelo Unitree G1, el cual debió ser modificado para soportar las inclemencias que enfrentaría. Como señala LatinAmerican Post, Pemba José mide 1 metro con 32 centímetros y está fabricado con 77 libras de aluminio, fibra de carbono, cámaras, software y ambición.
Pudiera parecer un logro más de la ciencia y la tecnología frente al poder de la naturaleza; sin embargo, representa la confrontación entre los fenómenos climáticos extremos y la robótica en su expresión más elevada. Los objetivos científicos a mediano plazo incluyen la exploración de glaciares, el monitoreo del cambio climático, el levantamiento geológico, la búsqueda y rescate en alta montaña y la recolección de datos ambientales en zonas de difícil acceso.
El ascenso duró más de 16 horas en condiciones más que extremas: nieve y, por ende, temperaturas bajo cero; poco oxígeno; fuertes rachas de viento; terreno inestable y de difícil acceso. Con esto, los investigadores pretendían obtener datos e información que les permitan confirmar que los robots humanoides pueden realizar labores en donde el acceso a las personas resulta complejo o de alta peligrosidad. Dentro de los retos a vencer para el robot fueron entre otros: el desempeño de las baterías, su movilidad en la superficie irregular, las comunicaciones y las propias cámaras que tenía integradas que podrían resultar afectadas por la nieve y el ambiente tan adverso. En una nota publicada por el diario AS, describe que los responsables del proyecto informaron que el robot humanoide fue capaz de desplazarse de manera en distintos tramos en virtud de sus sistemas de equilibrio, navegación y locomoción tan avanzados. No obstante, es importante mencionarlo, en zonas con pendientes muy pronunciadas y secciones con grietas, el equipo humano que lo acompañaba de apoyo tuvo que asistirlo e “incluso transportarlo para superar determinados obstáculos”.
El proyecto forma parte del programa Triple Crown, cuyos siguientes objetivos son el Mauna Kea y, posteriormente, el Monte Everest, para evaluar hasta dónde pueden operar los humanoides en ambientes extremos.
La entrevista concedida a la agencia EFE también resulta llamativa. Las preguntas fueron planteadas al propio Pemba José, el cual afirmó que lo más difícil fue «la altitud y el clima extremo» y dijo haber observado «paisajes espectaculares, glaciares y la curvatura de la Tierra». Si su propio sistema le permitió identificar y reflexionar sobre lo bueno y lo malo que le sucedió, considero que se ha dado otro paso más trascendente.
Y para nuestra Área común, sólo cuatro preguntas que escuché y a las que no tuve respuesta:
-Si una persona te dice que no le hagas caso y no le haces caso. ¿Le estás haciendo caso?
-Si un veneno caduca, ¿envenena más o menos?
-Si mi objetivo es fracasar y fracaso. ¿Triunfé o fracasé?
-Si el diablo muere. ¿A dónde se va?
