La muy reciente renuncia de Keir Starmer como primer ministro del Reino Unido (RU) genera una serie de cuestionamientos tanto al interior del gobierno como, por obvias razones, en el ámbito internacional. Cabe mencionar que Starmer ha sido el sexto primer ministro en una década; la percepción generalizada es que esta inestabilidad política ha estado estrechamente vinculada con la salida del RU de la Unión Europea (UE), conocida comúnmente como Brexit, término derivado de la contracción de Britain (Gran Bretaña) y Exit (salida). Fue precisamente esta decisión, tomada el 23 de junio de 2016, cuando el RU celebró un referéndum en el que 51.9% del electorado votó por abandonar la UE, que provocó la renuncia del primer ministro David Cameron. Como defensor de la permanencia en el bloque europeo, al día siguiente presentó su dimisión. Para diversos medios británicos, esa “derrota” política le restó la legitimidad necesaria para permanecer en el cargo.
Para su sucesora, Theresa May, las cosas tampoco fueron sencillas. Fue criticada por no lograr la unificación del país y por la dificultad para concretar el acuerdo del Brexit, pese a los esfuerzos realizados durante su gestión. Finalmente, reconoció que otro líder debía encabezar la siguiente etapa del proceso. Ella dirigió el destino del RU de julio de 2016 a julio de 2019, mientras que David Cameron ocupó el cargo de mayo de 2010 a julio de 2016.
Tras la salida de May del puesto más relevante del gobierno británico, llegó Boris Johnson, cuya administración, de julio de 2019 a septiembre de 2022, estuvo marcada por la renuncia de más de 50 integrantes de su gobierno en un corto periodo, circunstancia que debilitó su liderazgo y puso en duda su permanencia en el cargo. A ello se sumaron las severas críticas derivadas de las fiestas celebradas mientras el país permanecía bajo las restricciones impuestas por la pandemia de covid-19. En pocas palabras, para numerosos analistas Johnson perdió credibilidad gubernamental, situación que derivó en su renuncia. En septiembre de 2022 fue nombrada Liz Truss, quien permaneció apenas 45 días como primera ministra. Fue duramente cuestionada por las medidas económicas contenidas en el denominado “mini presupuesto”. A pesar de las advertencias sobre el riesgo de provocar una fuerte depreciación de la libra esterlina y obligar a la intervención del Banco de Inglaterra, decidió mantener su proyecto. El resultado fue una serie de presiones políticas y financieras que condujeron a su dimisión.
Rishi Sunak fue nombrado primer ministro el 25 de octubre de 2022 en sustitución de Truss. Ocupó, al igual que sus antecesores, la oficina y residencia oficial del jefe del gobierno británico, ubicada en el número 10 de la calle de Downing, en el centro de Londres. Fue el primer jefe del gobierno británico de origen indio. A diferencia de Boris Johnson y Liz Truss, Sunak no abandonó el cargo por algún escándalo político, sino porque el Partido Conservador perdió las elecciones generales de julio de 2024, por lo que presentó formalmente su renuncia. Conviene recordar que en el RU la ciudadanía no elige de manera directa a quien fungirá como primer ministro o primera ministra; lo que hace es elegir a los 650 integrantes de la Cámara de los Comunes (Members of Parliament) mediante el sistema de mayoría simple. Quienes resultan electos ocupan las famosas “bancas verdes” o green benches. Cuando un partido obtiene la mayoría absoluta de los escaños —326 de 650— está en condiciones de formar gobierno y su líder se convierte en primer ministro o primera ministra.
Las y los primeros ministros mencionados anteriormente pertenecían al Partido Conservador. Sin embargo, en 2024 el triunfo correspondió al Partido Laborista, por lo que Keir Starmer asumió la conducción del gobierno. Como ya se ha señalado, presentó su renuncia el pasado 22 de junio. Diversos especialistas consideran que su salida obedeció al deterioro electoral experimentado por su partido. Según esos análisis, su administración “había perdido impulso político”, situación reflejada en la caída sostenida de su popularidad en las encuestas. Diversos dirigentes laboristas sostenían que era necesario un cambio de liderazgo para revertir esa tendencia.
En resumen, para numerosos especialistas, la sucesión de los últimos seis primeros ministros y ministras, así como la inestabilidad política observada en el Reino Unido durante la última década, guarda una estrecha relación con las consecuencias políticas derivadas del Brexit. Las decisiones adoptadas democráticamente por la ciudadanía, por legítimas que sean, conllevan responsabilidades que trascienden el presente y alcanzan también a las generaciones futuras.
