Tendremos 104 SuperBowls en poco más de un mes.
Gianni Infantino
El cuestionamiento planteado en el encabezado de esta columna surge tras el cierre de la fase de grupos del Mundial que estamos viviendo, organizado por la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA). Con datos duros, la respuesta es sencilla: sí. Por primera vez, el torneo está conformado por 48 equipos en lugar de 32, como ocurrió en la edición anterior en Qatar; aunado a ello, es la primera competencia organizada por tres países. Sin embargo, toda esa información ya la conocemos. En realidad, me gustaría abordar algunos datos menos difundidos para que, de manera conjunta, usted y yo podamos imaginar hacia dónde se dirigirán los próximos Mundiales.
El siguiente, en 2030, nuevamente será coordinado por tres países: España, Portugal y Marruecos. Con la gran innovación de que, al cumplirse el centenario del primer certamen —Uruguay, por supuesto, en 1930—, habrá tres encuentros en otras sedes: uno en Argentina, otro en Paraguay y el tercero, precisamente, en el país donde se iniciaron los campeonatos mundiales.
Como mencionaba anteriormente, la lista de participantes se incrementó en 16 equipos, lo que permitió la presencia de selecciones debutantes en esta edición, como las representativas de Cabo Verde, Curazao, Jordania y Uzbekistán. Aunado a ello, el formato de clasificación de este nuevo modelo de Copa del Mundo permitió el regreso de combinados nacionales que no asistían al certamen desde hace varios años: Haití (52 años), Irak (40 años), Noruega (28 años), Escocia (28 años) y Chequia (20 años).
Durante la Cumbre de Inversionistas FII Priority, celebrada en marzo pasado, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, comentó a los asistentes que en poco más de un mes se disputarían 104 Super Bowls. Y no mintió. Cada encuentro ha tenido un arranque mucho más parecido al de una final de futbol americano profesional en Estados Unidos que a lo que estábamos acostumbrados en las Copas del Mundo anteriores, sin dejar de lado las tres fastuosas inauguraciones que se llevaron a cabo en cada país sede de esta edición norteamericana. La prioridad, a todas luces, es ofrecer un espectáculo previo y, me parece, orientado a un público al que la FIFA no ha logrado penetrar como quisiera: los mercados estadunidense y canadiense. Ahora bien, considero importante reflexionar sobre este nuevo modelo de Mundial —si es que así podemos llamarlo— no sólo a partir de los elementos anteriores, sino también desde la perspectiva financiera que implica lo que hemos presenciado en el torneo actual. Un punto de partida podría ser el análisis de los precios promedio de los boletos en las dos Copas del Mundo previas, de acuerdo con información disponible en diversas fuentes oficiales.
El esquema que podríamos comparar es el denominado hospitality, que consiste en ofrecer zonas de alimentos, bebidas y asientos preferenciales a quienes adquieren determinadas entradas. En el Mundial de Rusia 2018, el paquete hospitality más accesible costaba 850 dólares estadunidenses (USD, por su abreviación en inglés); en Qatar 2022, 950 USD, y en el actual, 1,400 USD por partido o bien 5,300 USD en paquetes para varios encuentros. En contraste, los más costosos alcanzaron los siguientes montos: en Rusia 2018, 201,050 USD; en Qatar 2022, 937,200 USD; mientras que en la Copa del Mundo de Norteamérica 2026 fluctuaban entre 73,200 y 100,000 USD. Por otra parte, el precio promedio de un boleto sencillo, según los datos disponibles, fue de 260 USD en Rusia, 347 USD en Qatar y alrededor de 500 USD en el Mundial actual.
Puntualmente, podemos advertir que participan más selecciones, quizá sin importar demasiado su nivel competitivo frente a los integrantes de su propia confederación o respecto al promedio internacional; existe un mayor énfasis en el espectáculo; los costos son más elevados y resultan menos accesibles para el público que tradicionalmente acudía a estos torneos. Por ello, considero que estamos ante un nuevo modelo de Mundial: un formato dirigido a otro tipo de clientela y en el que se privilegia el espectáculo por encima del futbol. Para concluir en nuestra Área común vale la pena recordar las palabras del gran actor Gael García Bernal que pronunció recientemente durante la ceremonia de clausura del Festival de Cannes: “Me excuso por adelantado por no presentar el premio en francés porque mi francés es terrible ahora, pero no tan terrible como la situación geopolítica actual y mucho mejor que la reputación de la FIFA definitivamente”.
