De impagos y desayunos

¿Por qué el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura se ha convertido en una dependencia morosa?

Todos tenemos una que otra deuda que nos quita el sueño y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) no es la excepción, como consta en el requerimiento de pago que recibió la dependencia, en mayo pasado, por un monto de 44.5 millones de pesos, debido a que no ha cubierto la renta y el mantenimiento de las instalaciones de Torre Prisma, que cobija a algunas de sus áreas.

Dicho requerimiento fue enviado a Oscar Garay Cadena, director de Recursos Materiales del INBAL, en el que se le recuerda, con un tono penoso, que la institución que encabeza Lucina Jiménez cuenta con adeudos atrasados. Esto a pesar de que, en 2024, en el Presupuesto de Egresos de la Federación se le habrían asignado recursos por tres mil 631 millones de pesos. ¿Por qué, entonces, el INBAL se ha convertido en una dependencia morosa?, ¿acaso no recibió el dinero prometido o lo ha ocupado en otros conceptos?

El requerimiento de pago —cuya copia obtuvo este columnista— fue suscrito por el Portafolio Alaska y expresa lo siguiente: “Estamos conscientes (de) que la cantidad vencida puede ser difícil de cubrir, por lo que lo invitamos a visitarnos de manera inmediata en nuestras oficinas, para buscar una solución de manera conjunta y no dejar que siga incrementando el monto vencido”.

Y añade: “Es importante comentarle que, al momento de generarse la siguiente factura, de manera inmediata su cuenta será turnada a nuestra área de cobranza en nuestro corporativo, lo cual implicaría que nosotros como edificio ya no podremos negociar (ni) autorizar ningún convenio de pago con usted”.

Ayer consulté al área de comunicación del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura sobre este tema, pero al cierre de esta columna no informaron las razones ni los plazos para cubrir el adeudo.

Y mientras este asunto se resuelve, esta semana se abrió un nuevo frente de conflicto entre la dependencia y sus trabajadores. Esto ocurrió luego de que se autorizara al Sindicato Nacional Independiente de Trabajadores del INBAL (Sinitinbal), que dirige Francisco José Albarrán, acondicionar una amplia cafetería en el piso 26 de la Torre Prisma, la misma del adeudo, financiada con las cuotas sindicales, donde se pondrán a la venta toda suerte de guisados y desayunos.

Hasta donde sé, el piso 26 era un espacio común para trabajadores, pero dentro de dos semanas, cuando la adaptación termine, se convertirá en un espacio lucrativo que ya cuenta con el aval de Pedro Fuentes Burgos, subdirector administrativo del INBAL. ¿Por qué el instituto autoriza este tipo de adecuaciones al final de la gestión?, ¿con base en qué reglamento lo fundamenta?, ¿y qué recibe el INBAL  a cambio?

Me parece que en este tipo de excesos, pendientes e irregularidades tendrá que poner mucha atención la próxima titular de Cultura federal que nombre la virtual presidenta electa, Claudia Sheinbaum, así como en quien quede al frente del INBAL, institución que fue sometida a una reingeniería imaginaria.

¿Y LA POESÍA DE PIEDAD BONNETT?

Hace semanas que intento adquirir algunos libros de poesía de Piedad Bonnett, galardonada con el XXXIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, pero no ha sido sencillo. Así que, en una reciente entrevista, le pregunté por qué sus libros de poesía no circulan en nuestro país y esto fue lo que me comentó:

“Habría que señalar que durante muchos años, en México, se hizo un silencio alrededor de mí, por negligencia de los editores. Es lo que habría que decir, porque en Colombia, España, Perú y Venezuela soy, digamos, una persona muy leída, tanto en novela como en poesía. Mi poesía está toda publicada y toda circula, pero, en México, los editores de Alfaguara, durante mucho tiempo, me silenciaron, no deliberadamente, sino por inercia”. Y ahora, después del premio, afirma que “serían unos tontos” si no difunden su obra poética.

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