Hoy el gobierno federal informará sobre lo sucedido con la captura de Ismael El Mayo Zambada y Joaquín Guzmán López el 25 de julio de 2024, hace casi exactamente dos años. Lo hará una vez que el FBI donara a un museo de la zona el avión en el que ambos narcotraficantes llegaron al aeropuerto de Santa Teresa, en Nuevo México, y dejara constancia, implícitamente, que ese fue el resultado de una operación encubierta de la seguridad estadunidense. Durante dos años, el gobierno federal, en los últimos meses de López Obrador y lo que llevamos de la administración Sheinbaum se la ha pasado pidiendo explicaciones tanto al gobierno de Biden como al de Trump, sin obtener nada a cambio. Tampoco le han informado ahora.
Quién sabe qué dirá mañana el gobierno federal, pero el 29 de julio del 2024, unos días después de esa caída, escribimos aquí que había “innumerables versiones circulando, ninguna oficial (sobre la caída de los dos narcotraficantes) lo que es comprensible porque estamos ante la mayor operación de inteligencia, en un juego de espejos y engaños simultáneos, realizada por los Estados Unidos contra el narcotráfico en décadas, equiparable con la muerte de Osama bin Laden, con la similitud de que ni el gobierno de Pakistán entonces, ni el de México ahora tuvieron la menor idea de lo sucedido, quizás porque tanto Osama como El Mayo, según las fuerzas de seguridad estadunidenses tenían espacios de protección oficiales en Pakistán uno, en México el otro…
“Una es la tesis del engaño: la DEA negoció con Jesús después de la detención de Ovidio y logró convencerlo de que se entregara y que además les entregara a El Mayo. De esa forma, dice el WSJ y repiten otros, El Mayo confiado, sin equipo de seguridad, se sube a un avión para supuestamente ver unos terrenos donde construir pistas y termina, engañado, en El Paso. Es inverosímil. El Mayo estuvo en el mundo del narcotráfico 50 años y durante la mitad de ellos, por lo menos, fue líder del cártel del crimen organizado más poderoso y violento de México con presencia en al menos 20 países, 40 según las autoridades estadunidenses…
“El Mayo, que era especialmente desconfiado y cuidadoso con su seguridad, por eso nunca había sido detenido, ¿habría aceptado subirse a un avión que no era de los suyos con Jesús, uno de sus ahijados, pero que era parte de Los Chapitos, con los que estaba enfrentado desde hace meses? ¿Viajaría sin armas, sin custodias, sin protección alguna? Sería insólito… ¿Tan confiado estaría ahora como para decidir volar solo, sin custodios, con un potencial adversario en un avión y con un piloto que no eran suyos?...
“¿Se entregó El Mayo? Es probable. El Washington Post escribió que El Mayo se había “rendido” y eso sí parece lógico, tiene sentido: está enfermo, enfrentado con su propio cártel, incluyendo los hijos de El Chapo, también con el CJNG, con grupos de Sonora, con Aureliano Guzmán, necesita atención médica. Su hermano y su hijo ya son testigos protegidos, ya han declarado incluso contra El Chapo, otro hijo, El Mayito Gordo se declaró culpable en San Diego y estaría en la misma situación. Y el hijo que supuestamente quedaría en México como su sucesor sería Ismael Zambada Sicairos, conocido como El Mayito Flaco o El Caballero, con una estructura debilitada, aunque mantendría las relaciones con los proveedores asiáticos para metanfetaminas y fentanilo, enfrentado con lo que queda de Los Chapitos…
“Si es así, y todo parece indicarlo, la inteligencia estadunidense tendría en una sola operación, con varias variables, al mayor capo de la droga en México, a dos de Los Chapitos, a los principales introductores de fentanilo en Estados Unidos y al jefe de seguridad de Los Chapitos (El Nini), todos dispuestos a convertirse en testigos protegidos. La cantidad de información que obtendrán será tan abrumadora como políticamente demoledora”.
Han pasado dos años, y todas esas variables se han cumplido. Quizás El Mayo efectivamente aquel día se rindió. El hecho cierto es que hoy no sólo esos, sino muchos otros narcotraficantes se han convertido en colaboradores de la justicia estadunidense, además, el gobierno federal está intentando, resucitando el tema de El Mayo Zambada, reconstruir una narrativa que justifique lo inadmisible: la negativa a actuar contra Rubén Rocha, Enrique Inzunza y los otros funcionarios de Sinaloa acusados de ser parte de la estructura de complicidad y protección del cártel de Los Chapitos y de toda la oleada de acusaciones que vendrán en cascada terminando el Mundial.
Hoy, cuando se informe sobre El Mayo Zambada, debería ser también la oportunidad para informar por qué durante dos años no se ha actuado contra Rocha, contra las autoridades de la fiscalía estatal que fraguaron un relato falso y hasta un video sobre el asesinato de Héctor Melesio Cuén, porque no actuaron durante años contra el propio Mayo Zambada.
Porque para explicar la operación encubierta que terminó con su caída se tiene que asumir que ello fue consecuencia de los abrazos y no balazos, de años de impunidad y protección, y de no cumplir una y otra vez los compromisos asumidos por López Obrador, primero en el anterior gobierno de Trump y después en el de Biden. Todo lo que estamos viendo ahora, y lo que vendrá, es la cosecha de lo que entonces se sembró.
Por cierto, la carta enviada por Zambada al juez Brian Cogan aceptando su culpabilidad y su condena sin ir a juicio sólo confirma lo anterior: El Mayo se rindió.
