Votos por impunidad
Los que tienen hijas e hijos, ¿los dejan salir a divertirse sabiendo que pueden o no regresar? Perdone usted, lector, pero éste no es el México que existía y sí en el que se ha convertido intencionalmente
Los mexicanos vimos las crudas imágenes del ametrallamiento de personas que se encontraban en un establecimiento de Huitzilac, Morelos, un estado que, al igual que casi una decena de entidades, están perdidas por la retirada del gobierno federal y hoy son prácticamente gobernadas por grupos criminales.
¿De veras le parece normal que esto forme parte de la cotidianidad? Es decir, los que tienen hijas e hijos, ¿los dejan salir a divertirse sabiendo que pueden o no regresar? Perdone usted, lector, pero éste no es el México que existía y sí en el que se ha convertido intencionalmente, es decir, por decisión de quien encabeza el gobierno de Morena. Resolvió dejar a su suerte a millones de personas. ¿Cuántos desaparecidos y desplazados más? Los que usted quiera, amable ciudadano.
Aquí no hay diferencias. Ricos y pobres, mujeres y hombres, niños y adolescentes. Todos están en la ruleta rusa de Morena.
Pero Huitzilac simboliza algo más grave, que de por sí es terrible. Se trata de la decisión política que un gobierno federal tolerantemente sospechoso, como dicen la DEA y las agencias de inteligencia de Estados Unidos y Europa, ha tomado. ¿Por qué? Hay múltiples testimonios nacionales y extranjeros, oficiales y periodísticos, que hablan de una presunta alianza entre personajes del gobierno con estos grupos.
Si esto último es verdad, cuál sería el propósito: ¿votos por libre tránsito, dinero para campañas? El asesinato de candidatos no puede dejar de tomarse en cuenta.
De acuerdo con los reportes del Congreso de Estados Unidos, algunos miembros del gobierno de Morena —que mantiene bajo reserva— han ordenado bajar esa misma estrategia a los gobiernos de los estados que también gobierna, para no enfrentarlos y evitar la percepción de que en México la violencia no tiene control y que sus candidatos sean votados en las elecciones del 2 de junio.
La encrucijada para los ciudadanos es clara, nada complicada: o votan por la ilusión de seguir recibiendo dinero, aunque por la carestía sirva poco, o por echar una moneda al aire pidiendo a lo alto que no le asesinen a un familiar o desaparezcan a sus hijas o hijos.
Esto es crudo, pero cruda es la realidad que enfrentamos. Nadie, con un mínimo sentido de humanidad, puede decir que la situación va a mejorar cuando vemos dos cosas: una propuesta de gobierno que dice que las cosas seguirán igual, es decir, que no habrá persecución, sino inteligencia contra los delincuentes, y dos, que la violencia es “pero no es”. Es decir, “aumentaron los homicidios, pero disminuyó la violencia”.
Un sector de Morena y las propias encuestas de Palacio señalan que es la violencia contra la sociedad civil la que está bajando puntos a su candidata. Es lógico, quién refrendaría que la violencia siga.
Los voceros de Morena se molestan porque se critica al Presidente de ser responsable de las miles de muertes y desaparecidos por su decisión de no combatir a los delincuentes y habrá que recordarles que igual se peca y se cometen delitos por “omisión”.
Pero expliquemos con manzanas: ¿quién gobierna el país actualmente? Morena; ¿quién es el Presidente?, por tanto, López Obrador; ¿quién ha aplicado una política de seguridad? Él. Si la política fuera medianamente exitosa, no tendríamos esta terrible situación. ¿Quién decidió retirar al Estado de la persecución de los criminales? López Obrador.
Qué son las elecciones si no una evaluación de los logros y fracasos de un gobierno por medio del voto. Los que votaron por él harán la cuenta de sus logros y quizá de sus muertos. Y los que votaron en contra tendrán sus razones para no refrendarlo.
La oposición (Xóchitl Gálvez) ofrece un camino distinto; Morena (Claudia Sheinbaum), defenderlo. Usted tiene el derecho y la palabra.
