Equidad de género

En una sociedad debería ser concebida como el derecho, tanto de la mujer como del varón, de participar en la prosperidad de un país

Por Adriana Gallardo Flores

La equidad de género se define como el permitir brindar a las mujeres y a los hombres las mismas oportunidades, condiciones y formas de trato. Ello no significa una escisión entre el hombre y la mujer o una lucha entre géneros; significa dignificar esa parte de la humanidad que complementa la otra. Significa pedir que sea reconocida la labor exquisita de la mujer que consiste en brindar apoyo, proveer ternura, proporcionar servicio y presencia incondicional en pro de la humanidad y, específicamente, en pro de la supervivencia de ese elemento fundamental en la génesis de las sociedades en el devenir de la humanidad: la familia.

Cuando se habla del día de la mujer, debe hablarse del día del hombre como la máxima representación de lo existente, de la complementación de un solo ser que, invariablemente, necesita de esa dualidad para ser uno perfecto. El yin y el yang presentes en la ley universal, nadie superior al otro. La búsqueda del equilibrio y la armonía entre la mujer y el hombre que, al igual que la mujer, fue creado para unirse a ella e iluminar juntos el mundo con su descendencia y no al contrario, entablar una lucha fútil y árida producto de la ignorancia de esa necesidad del otro para que no se destruya nuestra esencia humana.  

¿Qué sería de la humanidad sin esa dicotomía? ¿Sin esa posibilidad de alcanzar un balance? ¿Que sería del hombre sin esa humildad en la que reconocemos la necesidad del otro para trascender? En la aceptación de esa dualidad perfecta del ser está nuestra fuerza como humanidad. La verdadera grandeza de la existencia del hombre como creador de vida en dualidad. ¿Cómo podría existir una lucha entre mi ser y mi complemento? ¿Como podría no amar con todo mi ser a quien yo también di vida?  ¿Y cómo podrá ese varón cuando me uno a él para complementarnos, ignorar ese divino papel de quien fortalece el suyo, y él a su vez dignificarlo?

La equidad de género en una sociedad debería ser concebida como el derecho, tanto de la mujer como del varón, de participar en la prosperidad de un país, el derecho a la superación intelectual, el derecho de contribuir con ideas para crear una sociedad más justa y el compromiso de formar mejores seres humanos. No obstante, aun al alcanzar dichos logros, debería estar siempre presente en las mujeres como parte fundamental de nuestra existencia en el mundo, el papel que como madres y como esposas se nos ha conferido coadyuvado por nuestra naturaleza síquica y biológica: la preservación de los valores y con ello, la salvación de la humanidad.

Celebrar el Día Internacional de la Mujer significa celebrar la posibilidad de reivindicar la imagen de la mujer en el mundo; un ser proveedor de consuelo, de amor incondicional, de apoyo, de ternura, de generosidad, de abnegación, todas manifestaciones sublimes y olvidadas en el baúl de los recuerdos, como olvidados también están la alegría, el sentido profundo de la existencia y el significado de trascendencia que hay en el darnos, un olvido doloroso y destructivo resultado del maniqueísmo y el enajenamiento del mundo en el que estamos inmersos.

Celebremos el Día Internacional de la Mujer por ser la mujer la posibilidad tangible que tiene el mundo de crear mejores hijos, padres, hermanos, ciudadanos y seres humanos que habitan el planeta. Celebremos este día de la mujer por ser  generadora de paz, ejemplo de altruismo y de generosidad, por ser fuente creadora de seres valiosos para la sociedad por su espíritu inquebrantable, por su templanza, por su gratitud, por su amor y respeto a sus congéneres, por su caridad, por su capacidad de asombro ante la vida y por lograr que el otro brille aún más que él mismo; producto de su ejemplo, de su testimonio de vida, de su dignificación con la superación propia, de su amor y su capacidad de unirse a otro para su victoria. 

Celebremos a todas y cada una de las mujeres del mundo y hagamos votos porque su colaboración para propiciar el equilibrio y la fuerza de la unión con su contraparte, desde su trinchera, en cualquier parte que ésta esté; sea el ejemplo vivificador que moldee el mundo que habitamos y la calidad de los seres que habitan en él.

adrianagallardof@gmail.com

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