Oootra invasión gringa

En México, es cierto, las mafias del narcotráfico imponen su ley en amplias zonas de nuestro territorio y las autoridades tienen la obligación de resolver ese problema, pues compromete la soberanía nacional. Pero cuando el gobierno de nuestros vecinos habla de mafias y narcos, lo hace como si en su país no existieran. Pero existen y actúan a ciencia y paciencia de sus autoridades...

Señala el periodista Gerardo Arreola que los últimos informes de la DEA y de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito “excluyen a Venezuela como fuente relevante de tráfico y la ubican como zona menor del tránsito de cocaína hacia Europa”. Pero de unos días para acá, una intensa campaña del gobierno de EU hizo del presidente de Venezuela la cabeza de una red internacional del narcotráfico, lo que fue pretexto para la agresión a ese país y el secuestro de Nicolás Maduro, aunque, días antes, Donald Trump indultó a Juan Orlando Hernández, exmandatario de Honduras, quien durante su mandato (2014-2022) dirigió, el sí, “una vasta operación de trasiego de coca hacia Estados Unidos”.

Tan frágil es la acusación contra el mandatario venezolano, que del documento de 25 páginas que presentó el gobierno estadunidense a la Corte del Distrito Sur de Nueva York, finalmente se retiró la existencia del Cártel de los Soles, que dizque lideraba Maduro. Subsisten, eso sí, los señalamientos que involucran a México y otros países, porque se trata de ablandar a todos los gobiernos latinoamericanos.

En buena hora la presidenta Claudia Sheinbaum expresó su condena a la agresión gringa contra Venezuela, pues dejarla pasar sin una reprobación expresa hubiera constituido un gesto de debilidad o, lo que es peor, una inadmisible aceptación de los métodos troglodíticos de Trump.

Otro acierto correspondió al Senado, donde la Comisión de Marina suspendió la sesión en que votaría el ingreso de soldados yanquis que dizque vienen a desplegar su magisterio en favor de los militares mexicanos. Esperemos que los padres de la patria no renuncien a ese gesto de dignidad.

Lo curioso es que al llegar al poder un presidente “de izquierda”, como el expriista Andrés Manuel López Obrador, muchos ingenuos creyeron que se cancelarían tales ejercicios militares, en los cuales muchos países son enchufados a conveniencia de Washington. Lejos de eso, AMLO, reverente, se fue a postrar ante Donald Trump, a quien le soltó palabras que nos recuerda el colega Rafael Cardona:

“En vez de distanciarnos, estamos optando por marchar juntos hacia el porvenir... También quise estar aquí para agradecerle al pueblo de Estados Unidos, a su gobierno y a usted, presidente Trump, por ser cada vez más respetuoso con nuestros paisanos mexicanos... Lo que más aprecio es que usted nunca ha buscado imponernos nada que viole o vulnere nuestra soberanía... No nos peleamos, somos amigos y vamos a seguir siendo amigos”.

Como es obvio, el führer gabacho no tiene ni quiere amigos. Por eso preocupa que México, más allá de condenar la intervención militar en Venezuela, no ofrezca respuestas contundentes a la campaña trumpista que insiste en meter a nuestro país entre los que están en la lista de intervenibles, junto con Colombia, Honduras y, por supuesto, Cuba. Incluso el comunicado que firmó con España, Uruguay, Chile, Brasil y Colombia resulta de una notoria tibieza, dada la delicada situación en que nos ha puesto el Hitler de la Casa Blanca.

Por la misma razón, resulta peligroso que la presidenta Sheinbaum insista en que la intervención militar no es posible. Sí lo es, y ante esa eventualidad debe prepararse a la población para resistir, pero hasta ahora nada se ha hecho.

En México, es cierto, las mafias del narcotráfico imponen su ley en amplias zonas de nuestro territorio y las autoridades tienen la obligación de resolver ese problema, pues compromete la soberanía nacional. Pero cuando el gobierno de nuestros vecinos habla de mafias y narcos, lo hace como si en su país no existieran. Pero existen y actúan a ciencia y paciencia de sus autoridades, lo que permite suponer que están embarradas hasta salva sea la parte.

Estados Unidos es el mayor consumidor de drogas del mundo, y hacia donde existe demanda se dirige la oferta, lo que obedece al funcionamiento del capitalismo. Allá, los llamados homeless y otras personas son grandes consumidores de toda clase de sustancias ilegales, y lo hacen a cualquier hora y lugar, sin que eso incomode a sus autoridades, que aprovechan el fenómeno para culpar a otros gobiernos y otorgarse permiso para intervenir en casi cualquier país.

Como que hace falta una campaña para difundir esa realidad.