México volvió a creer… y eso vale mucho más que cualquier comentario amargado

Gustavo A Infante

Gustavo A Infante

Última palabra

Hay momentos en los que el futbol deja de ser solamente un deporte para convertirse en un auténtico estado de ánimo. Durante varias semanas, la Selección Mexicana logró algo que hacía mucho tiempo no conseguía: unir a millones de personas alrededor de una misma ilusión. Familias completas reunidas frente al televisor, restaurantes abarrotados, plazas públicas llenas de aficionados, abrazos entre desconocidos después de cada gol y un país entero recuperando, aunque fuera por 90 minutos, la capacidad de sonreír. Eso no tiene precio. Por eso me cuesta tanto trabajo escuchar a ciertos comentaristas que, en su afán de ser disruptivos, diferentes o polémicos, terminan cayendo en algo mucho peor: la petulancia. Porque una cosa es hacer un análisis crítico y otra muy distinta parecer que se molestan cuando a México le va bien.

LA SELECCIÓN SÍ EMOCIONÓ AL PAÍS

Escuché una y otra vez opiniones pesimistas de personajes como David Faitelson y Álvaro Morales, quienes prácticamente daban por acabada a la Selección Nacional o minimizaban cada paso que daba el equipo. Con todo respeto, creo que esta vez se equivocaron. Lo que vimos millones de mexicanos fue un grupo de jóvenes que dejó el alma en la cancha. Un equipo que corrió, luchó, se equivocó, corrigió, peleó cada balón y, sobre todo, hizo que la gente volviera a sentirse orgullosa de ponerse una camiseta verde. ¿Que todavía faltan muchas cosas por mejorar? Claro que sí. ¿Que aún estamos lejos de las grandes potencias del futbol mundial? También. Pero una cosa no cancela la otra. Cuando un grupo de futbolistas entrega absolutamente todo durante cuatro partidos, merece reconocimiento antes que descalificaciones permanentes. Porque el aficionado mexicano no es ingenuo. El público distingue perfectamente cuándo un equipo juega con indiferencia y cuándo lo hace con el corazón. Y esta vez jugaron con el corazón. Por eso quiero enviarles un abrazo enorme a todos los seleccionados. Gracias por devolvernos la emoción. Gracias por hacernos gritar. Gracias por hacernos sufrir. Gracias por permitir que, durante unas semanas, millones de mexicanos dejaran de pensar en la inseguridad, en los problemas económicos, en las malas noticias cotidianas y simplemente disfrutaran del futbol. Eso también tiene un enorme valor social.

EL TRABAJO DEL VASCO

Mucho mérito tiene Javier Aguirre. El Vasco llegó cuando muchos pensaban que ya no había demasiado por hacer y consiguió algo fundamental: devolverle personalidad al equipo. No inventó el futbol. No descubrió una fórmula mágica. Simplemente logró que sus jugadores entendieran lo que significa representar a México. Eso se notó desde el primer partido. Se notó en la intensidad. En el compromiso. En las ganas. Y en el orgullo. Ese tipo de liderazgo vale muchísimo. Por eso también le deseo la mejor de las suertes. Y deseo todavía más éxito para Rafa Márquez.

¿DE VERDAD DEJARÁN TRABAJAR A RAFA MÁRQUEZ?

Todo indica que Rafa Márquez quedará al frente de la Selección Mexicana. Si eso ocurre, me dará muchísimo gusto. Pocas personas conocen el futbol mexicano desde tantos ángulos como él. Fue líder dentro de la cancha. Capitán. Jugador en Europa. Referente internacional. Tiene autoridad moral para dirigir. Pero aquí viene la gran pregunta. ¿De verdad lo dejarán trabajar? Porque quienes seguimos de cerca el futbol mexicano sabemos perfectamente que alrededor de la Selección siempre existen intereses. Hay grupos. Hay políticas internas. Hay presiones. Hay quienes creen tener derecho a decidir convocatorias, procesos o proyectos. Ojalá que esta vez sea diferente. Porque si realmente quieren construir una Selección competitiva rumbo al futuro, necesitan darle libertad al entrenador. Sin interferencias. Sin cuotas. Sin protagonismos ajenos. México ya demostró que tiene futbolistas con hambre. Ahora hace falta que también exista una estructura con la misma hambre de ganar.

LUCÍA MÉNDEZ… SIN CENSURA

Cambiando completamente de tema. Quiero hacerles una invitación muy especial. Este sábado, a las ocho de la noche, por Imagen Televisión, tendremos una emisión muy especial de El minuto que cambió mi destino sin censura. La invitada es una mujer que jamás ha tenido miedo de decir lo que piensa: Lucía Méndez. Y vaya conversación. Si yo tuviera que ponerle un título a esta entrevista sería muy sencillo: “No me voy a dejar de nadie”. Porque así habla Lucía. Directa. Frontal. Sin filtros. Sin rodeos. Durante la charla recuerda muchos episodios de su carrera artística y también habla de personas con las que ha tenido diferencias importantes. Entre ellas, Verónica Castro. También Yuri. Y otras figuras del espectáculo mexicano que, según asegura Lucía, le hicieron daño profesional o personalmente en distintos momentos de su vida. No encontrarán respuestas políticamente correctas. Encontrarán una Lucía Méndez auténtica. La de siempre. La que nunca ha tenido miedo de sostener una declaración. Coincidan o no con ella. Y justamente por eso vale la pena verla. Porque cuando alguien habla sin libreto, la conversación adquiere otra dimensión.

VERÓNICA CASTRO DEMUESTRA QUIÉN ES

Y ya que hablamos de Verónica Castro, quiero destacar algo que me parece mucho más importante que cualquier rumor de redes sociales. Durante los últimos días circularon versiones absolutamente delicadas sobre ella. Rumores. Especulaciones. Se dijeron muchas cosas. Sin embargo, mientras las redes hacían su trabajo de amplificar el escándalo, Verónica hizo algo infinitamente más valioso. Fue a visitar a su amiga Lucila Mariscal. La visitó en la Casa del Actor, el hogar administrado por la Asociación Nacional de Actores, donde viven numerosos artistas que dedicaron su vida al entretenimiento mexicano. Ese gesto habla mucho de una persona. Porque los amigos se conocen precisamente en los momentos difíciles. Cuando ya no hay reflectores. Cuando ya no existen alfombras rojas. Cuando las cámaras dejan de apuntar. Ahí aparecen los verdaderos afectos. Y Verónica estuvo presente. No para tomarse una fotografía. No para presumirlo. Simplemente para acompañar a una amiga de toda la vida. Ese tipo de acciones también merecen ser contadas. Porque, desafortunadamente, muchas veces damos mucho más espacio al escándalo que a los buenos gestos.

HAY NOTICIAS QUE TAMBIÉN VALE LA PENA RECONOCER

Vivimos en una época donde parece que solamente venden las malas noticias. El conflicto. La descalificación. La pelea. La tragedia. Y no. También hay historias positivas. Una Selección que volvió a ilusionar. Un entrenador que recuperó el orgullo nacional. Un exfutbolista como Rafa

Márquez que podría iniciar un nuevo proyecto. Una actriz como Lucía Méndez que decide hablar sin miedo. Y otra figura como Verónica Castro que demuestra su calidad humana visitando a una amiga en una etapa complicada de su vida. Todo eso también forma parte de la realidad. Y también merece ocupar espacios. Porque informar no significa únicamente contar lo malo. También implica reconocer aquello que inspira, emociona o devuelve un poco de esperanza. Hoy México necesita precisamente eso. Esperanza. La misma que nos regalaron unos muchachos corriendo detrás de un balón. La misma que sigue despertando el espectáculo cuando se ejerce con profesionalismo. 

Y la misma que nace cuando descubrimos que, detrás de las grandes figuras públicas, todavía existen seres humanos capaces de tender la mano a un amigo. Ojalá nunca perdamos esa capacidad de emocionarnos. Porque mientras un país conserve intacta su ilusión, siempre tendrá razones para creer que vienen tiempos mejores.