Pocas veces he visto a alguien tan enojado, tan fuera de sí y tan incapaz de aceptar la decisión de un juez como a Alfredo Adame.
Lo que ocurrió esta semana en los tribunales de la Ciudad de México merece contarse. Después de más de cuatro años de proceso, un juez penal dictó un fallo condenatorio contra Adame. No fue una discusión televisiva ni un concurso de insultos. Fue una resolución emitida dentro de un procedimiento judicial.
Todo comenzó porque Adame, a raíz de sus diferencias conmigo, decidió meterse con alguien que no tenía absolutamente nada que ver: mi madre. Ella tenía entonces 85 años; hoy tiene 90. La insultó y la ofendió con expresiones que no pienso repetir. Le pedí que parara. No quiso, y acudimos a la justicia.
Y ahora que un juez resolvió en su contra, ¿cómo reaccionó? Con una furia impresionante. Lo vi trabado del coraje, como si los gritos pudieran cambiar el fallo. Durante una pausa de la audiencia, incluso me mentó la madre en varias ocasiones. ¡Imagínense! Estamos precisamente en un procedimiento relacionado con las ofensas a mi madre, y él vuelve a recurrir al insulto. Así de absurdo.
Yo le respondí una sola cosa: que lo iba a meter a la cárcel. Sé que una eventual pena de prisión, si legalmente procede, debe ser determinada por el juez conforme a la resolución y a la legislación aplicable. Lo que quise decir es que llevaré este asunto hasta sus últimas consecuencias legales.
Adame también aseguró que mis anteriores abogados supuestamente me habían dicho que me arreglara con él porque, según sus palabras, me iba a “romper el hocico”. No sé si mis exabogados dijeron semejante cosa; no presencié esa conversación. Pero, si alguien intentó negociar, quisiera saber por qué y en qué términos. Porque el denunciado era Adame.
El señor presume que tiene la mejor asesoría, que lo respaldan varios bufetes de abogados y que todo lo tiene bajo control. Está en su derecho. Pero los abogados y sus poses de valentón no cambian el fallo condenatorio.
Este próximo jueves se determinará la sanción que corresponda y se resolverá lo relativo a la reparación del daño, en los términos que establezca el juez. Una cosa es el fallo condenatorio; otra, la sanción concreta y, en su caso, la obligación de reparar el daño. También habrá que esperar para saber si la resolución contempla una pena de prisión, si ésta resulta aplicable y si puede ser sustituida, suspendida o impugnada conforme a la ley. No voy a afirmar que Adame irá a la cárcel cuando esa consecuencia todavía no ha sido determinada. Basta con señalar la gravedad de lo que ya ocurrió.
Para mí lo más importante es defender la dignidad de mi madre. Si Adame tiene diferencias conmigo, que las enfrente conmigo. Ella no tenía por qué ser blanco de nada.
Y si este caso sirve para algo, ojalá sea para animar a quienes padecen insultos, amenazas o agresiones a acudir ante las autoridades. Nadie debería pensar que la fama, el dinero o el escándalo lo colocan por encima de la ley.
SANTA FE KLAN, UNA ENTREVISTA QUE NO SE PUEDEN PERDER
Cambio de tema, porque hoy, a las ocho de la noche, por Imagen Televisión, tenemos un programa verdaderamente especial de El minuto que cambió mi destino, sin censura. Mi invitado es Santa Fe Klan, uno de los artistas más reconocibles de la música urbana mexicana y, les adelanto, un hombre con mucho más que contar de lo que ustedes imaginan.
La entrevista es exclusiva y tiene de todo: es divertida, atrevida, chismosa, profunda y, sobre todo, honesta. No es una conversación de respuestas ensayadas para quedar bien. Es una plática de corazón a corazón, de ésas en las que el invitado se permite mostrar su lado vulnerable y compartir cómo ha vivido momentos decisivos.
Muchos conocen al rapero de barrio que conquistó a un público enorme. A mí me interesaba el hombre detrás del personaje: el padre, la pareja, el ser humano.
Santa Fe Klan me contó cómo el amor lo llevó a dejar los vicios. Y no hablo solamente del amor de pareja. Hablo del amor por su hijo, por la mujer con quien comparte su vida, por su carrera y por él mismo. Ese último es quizá el más difícil: aprender a valorarse lo suficiente para apartarse de aquello que puede hacer daño.
No estoy diciendo que sea un santo ni que su vida esté libre de errores. Estoy diciendo que resulta extraordinario escuchar a alguien que reconoce la importancia de cambiar y que encuentra motivos para hacerlo en las personas que ama.
Entre risas, confesiones y momentos emotivos, verán a un Santa Fe Klan distinto al de los escenarios. Algunas revelaciones darán muchísimo de qué hablar.
En estos casi diez años frente a las cámaras he aprendido que las mejores entrevistas no son las que arrancan una declaración escandalosa a cualquier precio, sino las que permiten entender por qué una persona decidió cambiar el camino que llevaba.
Los espero hoy a las ocho de la noche por Imagen Televisión en El minuto que cambió mi destino, sin censura. Ya estamos en una etapa muy especial de este programa, y entrevistas como ésta me recuerdan por qué vale tanto la pena sentarse a escuchar.
Esta semana me tocó ver, de cerca, dos caras de la condición humana: la furia de quien no acepta una resolución y la voluntad de quien busca transformar su vida. Cada quien decide qué hacer con sus actos. Y tarde o temprano, esos actos tienen consecuencias.
