Frentes Políticos / 6 de noviembre de 2025
1. No callar. Desde Tailandia hasta Palacio Nacional, Fátima Bosch pasó de reina de belleza a símbolo político. Tras ser agredida verbalmente por un directivo de Miss Universe por “no hablar” del país anfitrión, defendió su voz, su derecho y su dignidad. La ...
1. No callar. Desde Tailandia hasta Palacio Nacional, Fátima Bosch pasó de reina de belleza a símbolo político. Tras ser agredida verbalmente por un directivo de Miss Universe por “no hablar” del país anfitrión, defendió su voz, su derecho y su dignidad. La presidenta Claudia Sheinbaum la respaldó como ejemplo de empoderamiento femenino. El “calladita te ves más bonita” quedó abolido por decreto simbólico. Pero el incidente también expone una verdad incómoda, incluso en plataformas globales, las mujeres siguen siendo tratadas como imagen, no como voz. Bosch alzó la suya y Sheinbaum la proyectó. Eso es empoderamiento real.
2. Trabajo en equipo. Gilberto Bátiz García estrenó presidencia en el TEPJF con discurso de armonía y advertencia de que un tribunal dividido no le sirve a México. Como primer magistrado electoral elegido en las urnas, sabe que carga las fracturas internas. Llamó al respeto, al trabajo en equipo y al deber constitucional de estar a la altura del momento. Y aunque el historial reciente de la Sala Superior ha venido a menos, con pleitos de pasillo, filtraciones y egos cruzados, Bátiz promete procesar las diferencias con diálogo. Buena suerte con eso. En un tribunal donde cada voto huele a revancha, la unidad es lo que urge para bien de México. ¡A darle!
3. Carroñeros y piratas. Duró poco el pacto de civilidad en San Lázaro. Morena desplegó una manta que llamaba “carroñeros” a los miembros de la oposición, tapando una bandera pirata estilo One Piece, con la que los priistas denunciaban el crimen en Uruapan. Carlos Gutiérrez Mancilla lanzó insultos desde la tribuna, mientras que Ivonne Ortega exigía respeto. Entre gritos de “¡narcodiputados!” y arengas sin filtro, el debate del presupuesto naufragó en espectáculo. Ricardo Monreal pidió honrar los acuerdos. Y aunque su voz suena sensata, los suyos no obedecen. En la cámara, como en Michoacán, la violencia se volvió parte del guion. El Congreso no puede ser… esto.
4. Sin peso. Alejandro Moreno y Ricardo Anaya juran que el PRI y el PAN no están detrás de las protestas por el asesinato del alcalde Carlos Manzo en Michoacán. Dicen que la gente “se moviliza sola”. Lo curioso es que hace tanto que no mueven ni a sus bancadas, que su negación resulta creíble. Los michoacanos se organizaron por coraje, no por línea. Y eso deja a los partidos de siempre donde han estado, fuera de cuadro. Jorge Romero, Anaya o Alito pueden decir misa, pero su capacidad de incidir en la calle es hoy puro recuerdo. Cuando hasta las protestas prescinden de ellos, la pregunta no es si mienten, es si aún importan. Spoiler: ya no.
5. Quitarrisas. En Tabasco, Javier May está tan comprometido con la transparencia, que ya lleva tres informes en siete meses. Rafael Acosta León, dirigente del PRD, acusa que el próximo “octavo informe” es pura propaganda disfrazada de rendición de cuentas, con datos inflados y recursos públicos en modo campaña. Peor aún, May ya ni se molesta en ir al Congreso, porque eso de respetar formas institucionales es del pasado. El PRD presentará otro proceso especial sancionador, aunque todos saben que en Tabasco el árbitro electoral asiste a los informes como invitado de honor. Con tantos informes, ¿cuándo gobierna Javier May? Y lo más grave: sólo él se ríe.
