Estados Unidos: votando en la pandemia
En el caso de Estados Unidos, la votación se llevó a cabo siguiendo su tradiciónhistórica. La descentralización de su estructura administrativa y judicial nos remitea 50 modelos diferenciados.

Francisco Guerrero Aguirre
Punto de equilibrio
La pandemia continúa dejando un rastro imborrable en el mundo entero. Desde su irrupción inesperada, más de 50,376,020 personas han contraído la enfermedad. Por desgracia, el virus ha provocado al menos 1,255,803 fallecimientos, según un balance establecido por AFP.
En este contexto de emergencia sanitaria, la OEA pudo articular, gracias a la generosidad de los anfitriones y a un modelo flexible de despliegue, Misiones de Observación Electoral en Guyana, Surinam, República Dominicana, Bolivia y, más recientemente, en Estados Unidos. En todos los casos, los ciudadanos vencieron los temores naturales que imponía el restrictivo modelo sanitario, volcándose a las urnas para ejercer su derecho al voto.
En el caso de Estados Unidos, la votación se llevó a cabo siguiendo su tradición histórica. La descentralización de su estructura administrativa y judicial nos remite a 50 modelos diferenciados. Al no existir una autoridad electoral nacional como la del INE, de México, históricamente, las grandes cadenas de televisión aglutinan el computo de los votos por estado y las proyecciones correspondientes.
Con el cómputo de votos aún en marcha, no existen cifras definitivas sobre el nivel de participación ciudadana en las elecciones del pasado 3 de noviembre. Sin embargo, se estima que por lo menos 160 millones de norteamericanos votaron en 2020, de acuerdo con NBC News. Esto representa 66.5% del electorado. De acuerdo al Pew Center, seria la tasa más alta de los últimos 120 años
Hasta el momento, Joe Biden ha obtenido 279 votos electorales y 75,736,738 votos, representando el 50.6% del electorado estadunidense. Donald Trump ha asegurado 214 votos electorales y 71,318,089 votos, representando el 47.6% del mismo. Distintos líderes de la comunidad internacional han reconocido a la dupla Biden-Harris como los virtuales triunfadores.
Como refería la semana pasada, la OEA, en respuesta a la invitación del Departamento de Estado de Estados Unidos, desplegó una misión de 28 expertos y observadores internacionales, encabezada por el secretario general, Luis Almagro. La Misión de Observación Electoral presentó su Informe Preliminar el 6 de noviembre. Recomiendo a los interesados su lectura completa.
El total de dinero recaudado y gastado en las elecciones presidenciales, senatoriales y de la Cámara de Representantes de 2020, convirtió a estas elecciones generales en las más costosas en la historia del país. Hasta el 3 de noviembre de 2020, todos los candidatos, en los tres niveles, habían gastado 6,303,596.311 dólares, lo que supone un aumento de casi el 100% en comparación con 2016. Se estima que la cifra total podría alcanzar 14,000 millones de dólares una vez que se complete el informe final.
Uno de los aspectos de mayor relevancia para la misión fue la cobertura mediática. El informe preliminar resaltó, entre otros hallazgos, la inversión de más de US$ 1,500 millones en anuncios digitales, por radio y televisión. Cerca del 70% de los anuncios fueron críticos a los oponentes y sólo algunos contenían información sobre propuestas de campaña.
Si bien las redes sociales se han convertido en una de las principales fuentes de información y comunicación, la misión subrayó que la falta de normas en la materia ha contribuido a que las mismas compañías de redes sociales autorregulen el contenido de sus publicaciones. Una legislación inteligente sigue siendo una asignatura pendiente.
balance
Los comicios generales de 2020 en Estados Unidos pasarán a la historia como un proceso único y extraordinario. Con los votos de alrededor de 160 millones de ciudadanos, esta elección, a pesar de todos los desafíos originados por la pandemia, se ha convertido en la más participativa de la historia.
Los ciudadanos han cumplido una vez más con su deber cívico en un contexto duro y desafiante. En plena pandemia, la democracia ha probado que se encuentra enraizada en la sociedad y que el voto sigue siendo el único mecanismo legítimo para elegir gobiernos. En tiempos tan duros, no es algo menor.