Caminos de Michoacán
Por ningún lado hay información fidedigna. Media docena de gasolineras destruidas, una veintena de instalaciones de la CFE atacadas.
Ayer la primera noticia hablaba de cinco muertos, todos a bala, todos menores de 25 años. En el radio escuché a uno de los voceros de los guardias autónomos favoritos de los medios electrónicos, le dicen doctor, precisar que fueron 13 los fallecidos: “Uno de los nuestros y 12 de los Templarios”; aclaró que se dijo cinco muertos porque cuando llegaron las autoridades del Ministerio Público ya habían sido retirados algunos cadáveres. 13 muertos en total: uno de los grupos armados de autodefensa y 12 del bando contrario, cualquiera que sea. Y eso que, según el doctor, habían acudido (en 500 vehículos) a liberar Apatzingán totalmente desarmados por sugerencia del Ejército.
Por ningún lado hay información fidedigna. Media docena de gasolineras destruidas, una veintena de instalaciones de la CFE atacadas. Francotiradores, armas largas. Caminos cerrados, peaje arbitrario. Si esto no se asemeja al terrorismo y la ingobernabilidad, que alguien me explique.
Fausto Vallejo, nominalmente gobernador constitucional del estado, está incapacitado. De esa condición no tiene culpa alguna su mal hepático ni el trasplante al que fue sometido.
Fausto Vallejo está simplemente incapacitado para gobernar Michoacán.
Tampoco lo estuvieron sus antecesores. Ni Víctor Manuel Tinoco ni Lázaro Cárdenas Batel, quien pidió a Vicente Fox el auxilio del Ejército so pena de tirar la toalla, ni mucho menos Leonel Godoy Rangel. Michoacán está sumido en una especie de guerra civil de rebatinga y en una crisis de absoluta ingobernabilidad. Una situación a la que han conducido a la vil tala ilegal de bosques, el despojo de tierras, la extinción de las aguas, la putrefacción de los hombres: la ingobernabilidad. Como decía la abuela, algo malo ha de tener el agua que tienen que bendecirla; algo ha de tener el poder que nadie quiere soltarlo, aunque no lo ejerza.
La prueba capital de la capacidad de gobierno del régimen de Enrique Peña Nieto no es sortear los obstáculos de una reforma energética urgente y benéfica, o las trampas de una miscelánea fiscal mal hecha y peor defendida. Su prueba de fuego es la ingobernabilidad michoacana que, si se descuida puede repicar en otros estados. Basta que esas entidades federativas hayan estado sometidas por parte de sus gobernantes en el pasado reciente, a expoliación, violencia, injusticia, arrogancia, malos tratos, carencias y corrupción. Seguramente hay una larga lista de aspirantes a desarrollar el mismo patrón de conducta errada que hoy mantiene cautivo a uno de los estados más bellos de México.
Pilón. Los cachirules. Ayer apareció en los diarios de la Ciudad de México un desplegado de los 16 jefes delegacionales, barbeando al doctor Miguel Ángel Mancera por haberles conseguido más lana de la Federación por el camino del ramo 33 y pidiendo que convide. Todo está bien, pero en el anuncio aparecen 16 firmas y 16 antefirmas. El caso es que no aparece ni el nombre ni la firma de Miguel Ángel Cámara, delegado en Xochimilco. Tampoco aparece el nombre de Alejandro Fernández, de la Cuauhtémoc, y supongo que en su lugar se coló un Alejandro Ramírez. Lo mejor, es que Jesús Valencia Guzmán, de Iztapalapa, tiene boleto doble: dos veces su nombre y dos firmas distintas. Espero que el doctor Mancera Espinosa no haya leído el desplegado; si la solidaridad fue ordenada, salió, por lo menos, en desorden.
