¿Madero vs. Zapata otra vez?
La revolución zapatista contribuyó al fracaso de la maderista
En el altar de los ídolos patrios, los personajes históricos están inmortalizados como seres inmaculados, honestos, idealistas, etc., que ofrendaron su vida para liberar al pueblo, independizar o salvar al país. Algunos más importantes que otros (según la versión oficial en turno), todos confraternizan en el olimpo patrio, ya que la gesta de cada uno contribuyó a la realización de los ideales nacionales (justicia, igualdad, libertad, etc.). Sin embargo, en la historia puede constatarse que no siempre fue así, sino que, por el contrario, la lucha de uno implicó el sacrificio del otro. Es el caso de Madero y Zapata.
Francisco I. Madero fue un activo partidario del antirreeleccionismo y destacado opositor a la dictadura de Porfirio Díaz. En La sucesión presidencial de 1910 sostuvo que el pueblo mexicano sí estaba apto para la democracia y para reconquistar su libertad. Exigió a Díaz cumplir con la ley electoral, y propuso una reforma constitucional que estableciera la no-reelección, y la formación del Partido Nacional Antirreeleccionista, con la bandera de “Libertad de Sufragio, No Reelección”.
Fundó dicho partido, que lo hizo candidato a la Presidencia en 1910, y en su programa de gobierno postuló restablecer el imperio de la Constitución y la independencia de los poderes de la Federación, reglamentar el artículo 7º de la Constitución para hacer efectiva la libertad de escribir, entre otros objetivos.
En el Plan de San Luis incluyó la necesidad de restituir a los campesinos las tierras de las que habían sido despojados, declaró ilegales las elecciones, y convocó al levantamiento armado.
Francisco Villa, Pascual Orozco y Emiliano Zapata, entre otros, respondieron al llamado maderista. La rebelión del caudillo del sur cobró fuerza en Morelos, Puebla, Tlaxcala, Michoacán, Guerrero y Estado de México. En junio de 1911, con los tratados de Ciudad Juárez, se formalizó la salida de Díaz, y para Madero la etapa armada de la revolución terminaba, y seguiría bajo un sendero institucional, lo que conllevaba que el nuevo gobierno aplicara correctamente las leyes vigentes y reformara las injustas. Entre las medidas que impulsó el interinato de León de la Barra fue el licenciamiento de tropas revolucionarias, a lo que se negó Zapata, quien puso como condición la restitución de las tierras a las comunidades. Aunque Madero ofreció hacerlo, el gobierno interino envío a Victoriano Huerta a reprimir a los zapatistas, y con ello se da el rompimiento entre Madero y Zapata. Así, cuando Madero arrasó en las elecciones de octubre y subió a la Presidencia en noviembre de 1911, la unidad de los revolucionarios se había roto (incluyendo la de los maderistas), y se fortalecía el bando neoporfirista, que seguía fuerte en el nuevo gobierno, en el Legislativo y el Judicial, en los estados, y en el Ejército.
Menos de un mes después del ascenso de Madero, Zapata proclamó el Plan de Ayala, donde se le acusó de incumplir con el Plan de San Luis, de preservar la estructura de poder porfirista, de reprimir a los revolucionarios, y se llamó a derrocarlo. El enfrentamiento militar entre ambos resultó mortal para la revolución maderista, ya que facilitó el golpe de Huerta y la ofensiva contrarrevolucionaria.
La rivalidad Madero-Zapata revela que no se puede contraponer la realización de los ideales sociales a los políticos: si se sacrifican las libertades civiles, se posterga indefinidamente la justicia social, y se puede restaurar el Antiguo Régimen. A 100 años del crimen de Zapata, nuevamente se vive el mismo dilema.
ENTRETELONES
Felicitación a Petromex por su registro sindical.
