No es excesivo señalar que Pemex tiene una jetatura: todo lo que tiene que ver con la petrolera del Estado parece estar sujeto a un proceso de descomposición acelerado, una maldición continuada gobierno tras gobierno. La maldición comenzó con la expropiación petrolera decretada por el presidente Lázaro Cárdenas y se consumó cuando los gobiernos populistas de Luis Echeverría y José López Portillo creyeron en que la bonanza petrolera alcanzaría para no hacer esfuerzos fiscales y administrar una abundancia que jamás llegó.
De hecho, las devaluaciones y caída de la economía que generaron las crisis recurrentes tuvieron que ver con Pemex. El presidente Miguel de la Madrid dedicó toda su administración a tratar de corregir los desbalances en las finanzas públicas de haber tenido una economía petrolizada y dependiente de esos ingresos.
Salvo el presidente Carlos Salinas de Gortari, quien trató levemente de quitar el poder al sindicato petrolero, las administraciones de los presidentes Zedillo y Fox básicamente navegaron a Pemex, aun cuando lograron disminuir la dependencia de las finanzas públicas a los ingresos petroleros.
Los gobiernos de los presidentes Calderón y Peña Nieto apostaron a difuminarla dentro del sector público. La subdividieron y abrieron la puerta a las empresas privadas en una estrategia que, si bien la debilitó, no alcanzó a generar las condiciones para que se modificara radicalmente los males que se enquistaron durante el populismo revolucionario.
REMATE RENACIDO
Andrés Manuel López Obrador, con una visión muy similar a la de los populistas que propiciaron la llamada Docena Trágica, revivió muchas de las peores maldiciones de Pemex. Rocío Nahle y Octavio Romero usaron como trampolín de bonanza personal y política la ideología equivocada de su jefe.
Los dos resultaron premiados por su lealtad, no por sus resultados que, bajo cualquier métrica, resultaron desastrosos para las finanzas públicas. El eslabón más débil en la nueva estrategia energética ha sido Pemex. La Secretaría de Energía, encabezada por Luz Elena González, hizo un gran trabajo al redefinir los límites del sector energético para el Estado y la iniciativa privada. Se hicieron cambios en las leyes del sector a través de Jennifer Castillo, quien ahora es la administradora de grandes contribuyentes del SAT.
A través de una estrecha coordinación entre las secretarías de Hacienda, encabezada por Edgar Amador, y de Energía, se mejoró no sólo el pago a proveedores, sino, en general, la administración de Pemex. No es casual que se haya nombrado a Juan Carlos Carpio como director financiero primero y ahora como director general.
La mejor manera de evaluar el resultado de las acciones financieras es que ha mejorado la calificación de la deuda de Pemex.
REMATE EQUIVOCADO
En toda la estrategia, el error más grave fue nombrar como director de Pemex a Víctor Rodríguez. Un perfil totalmente teórico y alejado de los temas puntuales de la operación.
Bastaría señalar la diferencia con Emilia Calleja en la dirección de la CFE. Ella es una técnica con larga trayectoria en la empresa del Estado, aunque ha tenido problemas entre su formación y lo que algunos gustan decir el manejo político de los temas, lo que comienza a generar tensiones.
El carácter exótico de Rodríguez parecía una rareza. Hoy queda claro que es un tipo muy perturbado que no debería estar en ningún cargo público y menos cuando se dice que en esta administración es tiempo de mujeres.
Cuando hubo trabajadoras que se quejaban de sus actitudes violentas y misóginas —entrevistadas por el Padre del Análisis Superior en Imagen Radio—, hubo quienes trataron de minimizarlo diciendo que era una campaña en su contra.
El viernes, cuando se difundió el video en el que Rodríguez agrede a su pareja, no quedó ninguna duda de que es un tipo tan violento como cobarde. Esta última también fue una característica de gestión como servidor público.
Ante la violencia en contra de la madre de sus hijos, las declaraciones iniciales de la presidenta Claudia Sheinbaum, así como de la próxima secretaria de Mujeres, Laura Itzel Castillo, y de Energía, Luz Elena González, fueron correctas.
Oficialmente dijeron que Rodríguez no tenía cargo en el INEEL, puesto que no se habían cumplido los requisitos y que ni siquiera había cobrado, cuando ese instituto emitió comunicados dándole la bienvenida e incluso participó en actos públicos en carácter de director de, lo que muchos consideraban un paracaídas de oro. No es suficiente que este hombre sea expulsado del sector público sino que, efectivamente, pague ante la justicia los delitos que cometió. Que no se esconda en el principio de inocencia que aplicó cuando cometía errores graves como director de Pemex. ¿Recuerda cuando dijo ante el derrame en el golfo de México que lo habían engañado? Lo mismo, pero más grave con la esposa.
