Australia y México: una nueva ola de amistad

Crispin Conroy

Crispin Conroy

Down Under

Mi relación con América Latina comenzó hace varios años y, a lo largo de mi carrera, he tenido la oportunidad de vivir y trabajar en distintos países de esta extraordinaria región. Esa experiencia me ha enseñado que, aunque compartan una geografía, cada país tiene su propia historia e identidad. Por ello, regresar a la región para asumir el cargo de embajador de Australia en México es una oportunidad muy especial y, aunque se siente como volver a casa, es también un nuevo comienzo.

México tiene una historia, una cultura e identidad propias, y llego con la curiosidad de quien sabe que todavía tiene mucho por descubrir. Quiero conocer sus ciudades y comunidades, escuchar a su gente y entender mejor la diversidad de experiencias que hacen de México el país que es hoy.

Hay algo más que también espero reencontrar: el océano. Soy un apasionado del surf, para mí el mar siempre ha sido una forma de conectar con los lugares y las personas que los habitan. He tenido la oportunidad de surfear y compartir esa afición con personas en distintos países, incluso conservo una tabla de surf peruana que se ha convertido en uno de mis recuerdos favoritos. El surf me ha enseñado algunas cosas que también aplican a la diplomacia. Hay que aprender a leer las condiciones, adaptarse y entender que uno no puede controlar el mar, sólo puede aprender a moverse con él.

Quizá por eso el mar me parece también una buena metáfora para las relaciones entre nuestros países. Porque los vínculos entre nuestras sociedades son tan importantes como los que existen entre nuestros gobiernos.

Los empresarios y emprendedores australianos y mexicanos ya están creando oportunidades en ambos países. Nuestros estudiantes e investigadores están encontrando nuevas formas de aprender y trabajar juntos. También existen oportunidades para profundizar los vínculos entre comunidades indígenas de Australia y México, cuyos conocimientos, culturas y experiencias ofrecen importantes espacios de intercambio.

Estos lazos humanos ayudan a explicar la fortaleza de nuestra relación. Australia y México son economías abiertas y diversas, con importantes intereses comunes en comercio, inversión, educación, innovación, ciencia, energía y desarrollo sostenible. México es nuestro principal socio comercial en América Latina, con un intercambio bilateral de 5.8 mil millones de dólares australianos en 2024-25. Durante el primer trimestre de 2026, Australia se convirtió en el tercer mayor inversionista en México.

Y es que detrás de cada cifra hay personas: empresas que crean empleos y oportunidades, estudiantes que cruzan fronteras para aprender, investigadores que colaboran para resolver problemas comunes y comunidades que encuentran nuevas maneras de compartir sus conocimientos y tradiciones. Son esos vínculos los que dan profundidad y resiliencia a nuestra relación bilateral.

Como embajador quiero contribuir a fortalecerlos, aprovechar este momento para escuchar y aprender, conocer mejor a México y encontrar nuevas formas de acercar a nuestras sociedades. Espero hacerlo junto con quienes ya están construyendo puentes entre nuestros dos países, y también con quienes todavía están descubriendo todo lo que Australia y México pueden hacer juntos.

Este año celebramos 60 años de relaciones diplomáticas: seis décadas de una amistad que ofrece una base sólida para seguir construyendo juntos. Pero una amistad duradera no vive sólo de su historia: se renueva constantemente a través de las personas que la hacen posible. Espero contribuir a esa nueva etapa. Y, si el tiempo lo permite, espero hacerlo también desde alguna de las playas mexicanas, con tabla bajo el brazo.

Al fin y al cabo, las buenas relaciones, como el buen surf, consisten en encontrar el ritmo, compartir la ola y avanzar juntos.

Comentarios: ausmexevents@dfat.gov.au 

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*Embajador de Australia en México