De Butler a México: la amenaza de imitadores y nuestra seguridad nacional
Por: Rogelio Israel Zamora Guzmán* Eran las 18:03 horas cuando Donald J. Trump inició su discurso en Butler, Pensilvania. Tan sólo ocho minutos después, a las 18:11, Thomas Matthew Crooks apuntó a la cabeza del expresidente y presionó por primera vez el gatillo ...
Por: Rogelio Israel Zamora Guzmán*
Eran las 18:03 horas cuando Donald J. Trump inició su discurso en Butler, Pensilvania. Tan sólo ocho minutos después, a las 18:11, Thomas Matthew Crooks apuntó a la cabeza del expresidente y presionó por primera vez el gatillo de su rifle AR-15. La cámara que lo enfocaba registró el sonido de la explosión provocada por la ignición de la pólvora y, casi de inmediato, otro estruendo como un eco, provocado por la onda de choque de la bala cuya velocidad rompía la barrera del sonido. En ese instante, el expresidente encogió el hombro derecho mientras llevaba la mano a la oreja derecha. Algo estaba terriblemente mal. Desconcertado y, a pesar de sus 78 años, el expresidente se arrodilló frente al atril desde donde daba su discurso, mientras se escuchaban dos disparos más. Tres miembros del Servicio Secreto subieron a la tarima gritándole “¡Agáchese!, ¡agáchese!”. Ya conscientes de lo que ocurría, los asistentes comenzaron a gritar de terror y se escucharon al menos cinco disparos más. Cuatro segundos después, un disparo que provocó el grito de una mujer acabó con la vida del atacante. La voz serena del exmandatario se escuchó diciendo “déjame agarrar mi zapato”. Con el rostro desconcertado y su voz tranquila, pidió al Servicio Secreto que esperaran un momento. Levantó la mano para registrar una imagen que pasará a la historia. Toda duda parece haberse disipado: el 47º presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, se convertirá en el 49º presidente.
Las consecuencias del atentado fueron inmediatas. Uno de los disparos de Crooks mató a uno de los asistentes, quien protegió a su familia, y otras dos personas resultaron heridas. Dentro de EU, la crítica al Servicio Secreto ha sido feroz. Un joven de 20 años logró colocarse a 125 metros del expresidente y disparar sin que ningún elemento de ese cuerpo ni de las demás agencias de seguridad, incluyendo a la policía local, pudiera evitarlo. La negligencia se evidencia en videos que muestran a varias personas que alertaban de la presencia de Crooks en una azotea con un rifle. En un videos se ve a un policía al lado del inmueble siendo advertido de la situación. Hoy sabemos que había policías locales dentro. Nadie hizo nada. Si el atacante hubiera disparado con segundos de diferencia, o si el expresidente Trump no hubiera girado la cabeza unos grados para mirar una de las pantallas a su derecha, hoy estaríamos lamentando el magnicidio del candidato republicano.
Fuera de las fronteras de nuestro vecino del norte, el atentado también tendrá efectos significativos. Uno de los principales temores de los agentes que protegen a presidentes y autoridades es el surgimiento de imitadores. Según la teoría del contagio social, el comportamiento violento puede ser imitado por otros que buscan notoriedad o validación. Al confundir lo extraordinario de las circunstancias que permitieron a Crooks realizar el atentado, algunos podrían imaginar que es relativamente fácil ejecutar una acción similar. Esta percepción errónea puede inspirar a individuos a emular tales actos, aumentando el riesgo global para los líderes políticos.
El Servicio Secreto no tiene margen de error. No puede equivocarse ni una sola vez. Es vital que ningún escenario de riesgo sea subestimado y que se fortalezcan constantemente las medidas de protección.
En México, lo ocurrido en contra del expresidente Trump no debe pasar inadvertido. La integridad física del presidente, Andrés Manuel López Obrador, y de la virtual presidenta, Claudia Sheinbaum, es de seguridad nacional. Es fundamental redoblar su protección. Si bien los que formamos parte del movimiento de la Cuarta Transformación entendemos y valoramos su interés genuino de mantener una cercanía con la ciudadanía, esto no debe ser impedimento para actualizar y fortalecer los protocolos de su seguridad.
*Senador de la República
