Biden revive la amnistía para inmigrantes indocumentados

Por Martha Daniela Guerrero* El pasado 13 de junio, el presidente norteamericano Joe Biden anunció una orden ejecutiva que le permitirá a cientos de miles de inmigrantes indocumentados ajustar su estatus migratorio. Alrededor de 1.1 millones de inmigrantes ...

Por Martha Daniela Guerrero*

El pasado 13 de junio, el presidente norteamericano Joe Biden anunció una orden ejecutiva que le permitirá a cientos de miles de inmigrantes indocumentados ajustar su estatus migratorio.

Alrededor de 1.1 millones de inmigrantes indocumentados se encuentran casados con ciudadanos estadunidenses, pero se estima que el nuevo programa sólo le permitirá a la mitad de esta población ajustar su estatus. Para poder acceder a estas protecciones, los cónyuges deben llevar 10 años viviendo en el país, no tener antecedentes penales y estar casados desde el 17 de junio de este año. El programa también incluye a los aproximadamente 50 mil hijos de cónyuges indocumentados que se han convertido en hijastros de ciudadanos.

La amnistía otorgada por Biden representa una jurisprudencia con orígenes en la década de 1980. En 1986, la Ley de Reforma y Control de la Inmigración le permitió a cerca de tres millones de inmigrantes indocumentados (mayoritariamente mexicanos) convertirse en residentes permanentes, incluso ciudadanos. Durante la década de 1990, el Congreso aprobó varios programas de amnistía que le permitieron a más de un millón y medio de inmigrantes indocumentados de Mexico, Centroamérica y Haití ajustar su estatus.

Estos programas federales se convirtieron en la base del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, popularmente conocido como DACA. En 2012, el expresidente Barack Obama emitió una orden ejecutiva que suspendió las deportaciones de jóvenes indocumentados que llegaron a Estados Unidos cuando eran niños. Hoy, aproximadamente 580 mil dreamers se encuentran activos en este programa, el cual no provee ninguna ruta a la ciudadanía norteamericana.

Hoy, Biden revive la amnistía como una política pública efectiva y humana. “Estas parejas han criado familias, han enviado a sus hijos a la iglesia y la escuela, han pagado impuestos, han contribuido a nuestro país. Todo este tiempo han vivido en Estados Unidos con miedo e incertidumbre. Podemos arreglar esto,” dijo el mandatario.

En un periodo en el que las voces que promueven fronteras cerradas parecen dominar la conversación, el nuevo programa de Biden refleja una alternativa que no debemos pasar por alto. Durante ciertos momentos en la historia de Estados Unidos, incluido éste, legisladores y mandatarios han reconocido el verdadero perfil migrante: trabajadores, familias, residentes que contribuyen a la sociedad norteamericana todos los días y que consideran a Estados Unidos su hogar a pesar de tener importantes nexos a sus países de origen. La amnistía no solamente representa una de las políticas públicas migratorias más honestas y efectivas, sino que provee un antídoto importante contra las caricaturas xenofóbicas y racistas que hoy dominan el debate público.

Es importante recordar que la “ilegalidad” de quienes llegaron a Estados Unidos sin autorización no es un estado natural, sino una construcción política, legal y cultural. Mientras la migración se vuelve cada vez más compleja, las políticas púbicas de países como Estados Unidos deben reflejar las contribuciones económicas, políticas y sociales de aquellos denominados “ilegales.” Basta con revisar los perfiles de quienes ahora podrán ajustar su estatus para darse cuenta de que, durante décadas, millones de “ilegales” le han dado su trabajo, su esfuerzo y su vida a un país que en su mayoría se rehúsa a reconocerlo.

No hay duda de que las imágenes distorsionadas de los inmigrantes como criminales venden electoralmente. Personajes como el adversario electoral de Biden, el expresidente Donald Trump, han demostrado lo poderoso que es el sentimiento antiinmigrante para movilizar al electorado estadunidense. Hoy, Biden apuesta por una medida que enfrenta a la migración con un poco más de honestidad.

*Estudiante de doctorado en Historia, Yale University

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