Se cumplen tres meses de que las figuras del PAN anunciaron el relanzamiento del partido, pero desde entonces el blanquiazul luce más insustancial de lo que de por sí era tras la debacle de 2024. El presidente, Jorge Romero, me dijo en aquellos días de octubre que el trabajo de fondo consistiría en prepararse para ganar la mayor cantidad de distritos y gubernaturas en las elecciones de junio de 2027, y así poder quitarle a la 4T la mayoría calificada y “frenar, efectivamente, la destrucción que están haciendo de la Constitución y las instituciones”.
Quizá estén concentrados en eso, en silencio, con método y disciplina, y sorprendan dentro de no mucho con candidaturas, proyectos y mensajes hoy inimaginables. Lo cierto es que sigue sin haber un discurso panista que signifique en el debate nacional, su presencia en los hechos conmovedores del último trimestre (los asesinatos de Carlos Manzo, Bernardo Bravo, el descarrilamiento del Interoceánico, Venezuela) fue igual a cero, no existen en el tema Trump-Estados Unidos y ni siquiera han tenido un gesto simbólico memorable en la discusión de la reforma electoral. Tampoco se ven brigadas de jóvenes panistas entusiasmando a jóvenes por el país. Ellos sabrán qué están haciendo, si es que algo están haciendo. Por lo pronto, un relanzamiento de rápido impacto no fue.
