Llegamos a la elección de 2027. El jueves 10 iniciará el largo proceso rumbo a las votaciones del 6 de junio. Morena y sus aliados están arriba en la mayoría de las encuestas, tanto para diputados federales como para las 17 gubernaturas en disputa. Pese a los interesantes movimientos tácticos de algunas figuras que buscan armar candidaturas comunes —Adrián de la Garza, Antonio Astiazarán, Mario Zamora—, la oposición luce desorientada, sin voz ni identidad. Sin embargo, son las elecciones de mitad de gestión, las del desgaste, en las que el oficialismo no ha conseguido una victoria contundente desde 1991. El PRI perdió la mayoría constitucional en 1997 y ni el PAN en 2003 y 2009, ni el propio PRI en 2015 ni Morena en 2021 pudieron triunfar con claridad. Si 2027 no se convierte en una excepción histórica, la mesa parecería estar servida para que los partidos de oposición alcancen 48% de los votos, lo que rompería la aplanadora legislativa de la 4T en la Cámara de Diputados. Buenas decisiones, estrategias y desempeños podrían darles al PAN, PRI y MC las gubernaturas de Aguascalientes, Chihuahua, Querétaro, Nuevo León e incluso Campeche. Y creo que es aventurado presumir que Morena se impondrá con comodidad en Baja California, Baja California Sur, Michoacán, Sinaloa, Sonora e incluso Zacatecas. Por no hablar de muchas de las mil 802 alcaldías en juego. Los opositores tienen la palabra.
