Como suelen hacer los gobernantes ante audios o videos que los desnudan, la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, aseguró ayer que lo suyo era una “total mentira, absolutamente falso”. Se refería a una grabación difundida por Héctor de Mauleón donde se le escucha, durante una reunión de trabajo, solicitar apoyo de profesionales de Estados Unidos para atemperar los problemas que enfrenta con Washington; el retiro de su visa entre ellos. Dijo que se trataba de otro asunto, que ella nunca actúa “en lo oscurito”, etcétera. El viejo recurso de asumirse impoluta pese a haber sido sorprendida in fraganti. Queda, sin embargo, un nuevo episodio inquietante de los gobernadores de la camada de 2021: los que llegaron al poder con apoyos dudosos y, con dudosos apoyos, han transitado cinco años en el poder. Ayer se abrió el proceso de Morena para que quienes busquen relevar a Marina del Pilar intenten ganar la candidatura a través de un par de encuestas. Seguramente ahí estarán los pilaristas Alfredo Álvarez Cárdenas, Ismael Burgueño, Julieta Ramírez, confiados en que, pese a su herencia política, permanecerán a salvo de los escándalos de corrupción y de los señalamientos sobre supuestos nexos con organizaciones criminales. La dirigencia nacional de Morena tendrá la palabra: continuidad o paso a una generación menos truculenta.
