La ilusión de caminar al Azteca

Como no acaba de quedar claro qué estará bloqueado hoy, estoy listo para caminar cinco, seis, siete kilómetros para llegar al Estadio Azteca.

Así es que a la alegría de regresar a la inauguración de un Mundial, 56 años después, sumaré el placer de hacerlo a pie. Tenía 12 años en 1970 y ni por asomo recuerdo que el acceso al flamante estadio fuera una preocupación.

Aquella ciudad nuestra, capital de un país de menos de 50 millones de habitantes. Todo terminaba quedándonos cerca. Llegamos en la camioneta Rambler de la familia: mi padre, mi madre, mi hermano y yo.

Horacio López Salgado y El Negro Munguía tuvieron algo parecido a una oportunidad de gol, pero nada. De cualquier forma, salimos contentos con el empate sin goles frente a la Unión Soviética.

Luego pasó lo que pasó, más de medio siglo. Y aquí vamos de regreso, ahora con mi hijo en sus treintas, a pie. A ver a un equipo cuyos jugadores no me significan lo que me significaban El KalimánEl PichojosPeñaBorjaFragoso. Pero iré con la misma ilusión de atestiguar el triunfo de nuestra Selección. Y quizá con tantas ganas como entonces de cantar el Himno Nacional. Siento que, al cantarlo este mediodía, estaré volviendo a casa. Gracias, futbol.