Gabriela Cuevas

Dejemos en un nombre la síntesis de un gran esfuerzo colectivo: Gabriela Cuevas. No porque haya sido la coordinadora de los trabajos del gobierno de la presidenta Sheinbaum en el Mundial, sino porque, con su equipo de seis personas, demostró que se puede engranar y poner a funcionar con eficacia una maquinaria de oficinas y recursos públicos. México no destinó partidas extraordinarias del presupuesto para sacar con nota sobresaliente su compromiso en el Mundial. Tampoco heredará un pesado déficit como consecuencia del evento. “México no es el mismo de hace tres semanas”, me dijo ayer Gabriela. “El reposicionamiento de la imagen del país es incuestionable. La alegría que se vivió en las plazas públicas le dio la vuelta al mundo. Y todo se hizo en las complejidades de una sociedad democrática”. Sin subir la voz, enumera otros logros: el programa Kukulkán de seguridad, que permitió a la gente, literalmente, apropiarse de las calles; innovaciones migratorias, lo que se alcanzó a hacer en infraestructura, la parte cultural, el nacimiento de proyectos sociales asociados al futbol que, quizá, un día cuajen en realidades. Habrá que reconocer, también, que el gobierno no abusó del evento para apropiárselo políticamente. La suma deja una lección: es posible generar alegría, identidad y paz sin derroches y sin ponernos a pelear.