La ineptocracia: el gran riesgo de la democracia

Uno de los detonantes de la salida del PRI del gobierno fue la ineptitud con la que la administración de Miguel de la Madrid manejó la crisis ocurrida por el terremoto de 1985. Los jóvenes de aquella época nos encargamos de votar en contra de la historia del siglo XX.

Durante los 70 años de la “dictadura perfecta" que vivimos en México, la democracia era un sueño esperado por muchos. En ese tiempo, el PRI y el gobierno eran uno solo, atando el destino del país a los designios y caprichos de quienes dictaban dogma y proceder desde la oficina presidencial, ejecutados sin chistar tanto por la burocracia como por el partido oficial. Hacían creer al pueblo que los necesitaban, dándoles los medios suficientes para sobrevivir, pero sin esperanza para poder cuestionar el poder y mucho menos para levantarse contra quien lo ostentaba. Durante la mayor parte de esos años, los políticos brincaban entre secretarías de Estado, diputaciones, senadurías y cualquier “hueso" que les aventaran los poderosos presidentes y jefes del partido. Era común ver al exsecretario de Hacienda convertido en canciller de Relaciones Exteriores, o a un secretario de Programación y Presupuesto como secretario de Educación. Por supuesto que traían su “equipo" a cada dependencia, sus incondicionales, que cuidaban sus espaldas a cambio de ser premiados por su lealtad. ¿Cómo funcionaba el país si estos chapulines de la burocracia llegaban a puestos directivos en lugares que no tenían idea de cómo debían trabajar? Eran lo suficientemente inteligentes para mantener en los puestos operativos esenciales a quienes en verdad sabían cómo operar la maquinaria de cada dependencia. Aunque los manejos fueran de dudosa honorabilidad, las cosas caminaban, con una relativa paz y seguridad para la mayoría de los mexicanos (sustentada, muchas veces, en violaciones a derechos humanos y a la negación de justicia a quien se opusiera al régimen).

Uno de los detonantes de la salida del PRI del gobierno fue la ineptitud con la que la administración de Miguel de la Madrid manejó la crisis ocurrida por el terremoto de 1985. Los jóvenes de aquella época nos encargamos de votar en contra de la historia del siglo XX y comenzamos el nuevo siglo sacando a la dictadura de Los Pinos. Más allá de los aciertos y errores de los gobiernos emanados del PAN, quedó claro que los mexicanos tienen mala memoria, al elegir como presidente a uno de los priistas más incompetentes de la historia reciente. El presidente Peña, junto con quienes estaban detrás de él, apostaron a la “estabilidad”, mientras aseguraban su futuro y el de sus familias durante muchas generaciones por venir. La decepción generalizada de los ciudadanos le dio entrada a aquel que llevaba buscando el poder por más de 40 años. López Obrador nunca fue lo suficientemente bueno para los priistas de abolengo, quienes lo hicieron a un lado en los procesos importantes. Probablemente pensaban que no estaba a la altura del partido y del país. AMLO acumuló resentimiento todos esos años, enfocándose en alcanzar el poder que siempre creyó merecer.

Al ganar la Presidencia, trajo de regreso al viejo PRI, pero sin el conocimiento que ostentaba el antiguo régimen. Los “huesos” se repartieron entre sus incondicionales (que tampoco habrían destacado en otros partidos), muchos de los cuales eliminaron de los organigramas a aquellos que sabían cómo funcionaban las secretarías y paraestatales, sustituyéndolos por quienes creían que podían ejercer la autoridad sin estudios ni preparación. Ni fueron honestos ni competentes.

El escritor francés Jean d’Ormesson (1925-2017), autor de 40 libros y presidente del Consejo Internacional para Estudios de Filosofía y Humanística de la Unesco, define a la “ineptocracia” como un “sistema de gobierno donde los menos aptos para liderar son elegidos por los menos capaces de producir y por aquellos miembros de la sociedad menos capaces de sustentarse a sí mismos, a quienes se les regalan bienes y servicios pagados con los impuestos confiscatorios aplicados al trabajo y riquezas de quienes producen, quienes van en número descendiente”. Es decir, el gobierno de un puñado de ineptos elegidos por las masas que menos tienen, que a cambio les regalan dinero y programas sociales pagados con los impuestos de aquellos que trabajan y producen, aunque estos últimos cada vez sean menos. ¿Le suena conocido este concepto?

Imagínese un México con Yasmín Esquivel encabezando la SCJN, sin INE y sin Inai, sin oposición, con el todopoderoso Ejército recorriendo las calles para preservar “la paz”, mientras el crimen organizado recibe abrazos en cada pueblo y ciudad. El sueño del Presidente es la pesadilla de México. Tenemos un año para despertar y elegir.

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