Respiro y pausa

Un remanso en medio de tanta mala noticia. Un paréntesis que abre una pausa en medio de la refriega que implica ser conscientes de una realidad compleja. Vaya que hay quienes deben agradecer la oportuna llegada del Mundial a nuestro país. Pero no sólo me refiero a una sociedad que, en mayor medida, vive un hartazgo hacia la cortesilla política, esa “burocracia dorada” —término que, en su momento, fue tan bien capitalizado por el tótem de la actual administración— que, en teoría, presume “gobernar” y dirigir el destino del país, y que, sin duda, puede disfrutar de todo lo que implica este espectáculo deportivo; también es cuestión de referirse a ese oportuno oasis mediático que ha sido bien aprovechado por ese mundillo político que, unos cuantos días antes del inicio de este evento, se encontraba bajo el escrutinio y era observado a detalle al revelarse su posible vínculo con el crimen organizado. 

Respiro y pausa que, nadie lo podría negar, seguramente les ha brindado la oportunidad de calcular de mejor manera su defensa, la estrategia mediática a seguir cuando concluya la efervescencia deportiva y los medios de comunicación lleguen a recordar que existe ese México en el que la corrupción y la impunidad son los ejes sobre los que gravita la realidad de nuestro país. Respiro y pausa para una jefa del Poder Ejecutivo que decidió apostar por una defensa retórica de quienes han sido señalados por las instituciones de justicia estadunidenses, con esa chabacanería patriotera que tanto gusta al oficialismo, antes que establecer las bases de una justicia que aún se encuentra muy lejos de sentarse en nuestras mesas. Resulta sintomático que todos los recursos del Estado que se concentraron en esa estrategia se desgastaron con la misma rapidez con la que actuaron; por eso no es descabellado pensar que un gobernador sinaloense esté muy agradecido con los absurdos y despropósitos que nos han regalado los gobiernos —federal y el de la Ciudad de México— en el marco del evento mundialista. Y vaya que no son poco los temas que también han revelado mucho quienes tuvieron años para planear todo lo que exigía un evento de esta magnitud.

Ya los espacios deportivos se encargarán de analizar el papel de los arbitrajes en cada juego —claro, de las suspicacias que nacen a partir de sus humanísimas decisiones—, de las estrategias, de las acaloradas discusiones que provoca el estilo de juego de nuestra selección y de todo lo que se observó durante y después del triunfo ante la selección coreana. Sin embargo, si algo debiera quedar marcado en los pasillos de la memoria, es lo que sucedía horas antes de la tan esperada inauguración mundialista. Dos lecciones de distinta naturaleza que, a fin de cuentas, pusieron en entredicho la viabilidad de ese momento. Por un lado, el movimiento de la llamada CNTE y, por el otro, el de las familias buscadoras.

En el primer caso, la elucubración ha encontrado sus mejores ejemplos cuando se trata de explicar lo que ha llevado a cabo la CNTE. Se puede o no coincidir con sus peticiones, pero la mejor moneda que tienen en este asunto es algo que le ha salido caro a quien hoy habita en la casita del Palacio Nacional: han apelado a la memoria y al poder de una promesa de campaña. Ayer aliados electorales, hoy enemigos del “no somos iguales”. Tal vez sea oportuno preguntarse qué sucedería si para cada promesa formulada en sus monólogos de campaña, por muy ligera y chabacana que fuera, se exigiera su cumplimiento con una fuerza semejante a cada candidata o candidato. Bueno, con una primera y simpe conjetura, el anterior primer mandatario ocuparía un lugar muy distinto entre su propia feligresía. ¡Ah, y por cierto, otro respiro, una pausa que también agradecen quienes tienen tanto qué explicar!

Finalmente, en el caso de las familias, de las madrea buscadoras, la consideración es aún más compleja. También ha resultado revelador el manejo del oficialismo —desde la tribuna del Palacio Nacional hasta los mensajes en redes sociales de los acróbatas retóricos y el corifeo más burdo— el manejo que se ha dado a la lucha y las exigencias de este movimiento a quien le debemos que la palabra dignidad aún tenga sentido en nuestra sociedad. Se observa el tejido del cinismo con el que se ha intentado descalificar y sobajar a quienes hoy nos recuerdan que existen miles de personas desaparecidas, que la violencia y la muerte son las constantes que los gobiernos de los últimos 20 años han ignorado o, peor aún, han lucrado políticamente con ese dolor a través de la interpretación de las estadísticas. Y mejor ni recordar las lamentables y, claro, sintomáticas palabras de la titular de la Secretaría de Gobernación acerca de estas familias.

No cabe duda que hoy, en medio de la fiesta del balón —nadie se pelea con la alegría—, no faltarán las expresiones populistas y burdas que sumen relevancia a esta pausa y respiro de esas otras cuestiones que son temas que no se pueden olvidar.