Temporada de acosos
El acoso es un acto de poder de alguien que lo tiene y otr@s que carecen de él o están en una situación vulnerable por su edad, clase social, sexo, religión, condición laboral, educativa, migratoria y otras más. En los últimos dos años, la creciente violencia contra las mujeres ha movilizado a miles de ellas para denunciar la persecución y agresiones de que son objeto en los espacios públicos y privados
A través de las redes sociales se han desarrollado importantes campañas, como #miprimeracoso, y llamados a movilizaciones para exigir seguridad en las calles y castigo a los agresores, pero los ataques a las niñas y mujeres continúan tal como su manifestación más alarmante lo expresa: el feminicidio.
Aunque en México es particularmente depredadora la agresión a las mujeres y a l@s niñ@s, en otras áreas del planeta también comienzan a darse importantes denuncias masivas de acoso sexual, tal es el caso de los sonados escándalos ocurridos en Hollywood por conocidos actores como Kevin Spacey y Dustin Hoffman, entre otros.
Sin embargo, han sido los centenares de denuncias contra el poderoso productor cinematográfico Harvey Weinstein, lo que despertó una ola de indignación mundial, la cual ha animado a otras víctimas de abuso en los ámbitos deportivos y de la llamada música culta; y agregaríamos en diversos espacios de la vida cotidiana.
Aquí surge la pregunta, ¿qué hacer frente a esta epidemia de abusos? Además de divulgar ampliamente los acuerdos de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW) y la ley derivada de ella (Ver: https://mexico.unwomen.org/es/digiteca/publicaciones/2011/12/cedaw), se trataría de transversalizar la perspectiva de género en todos los niveles escolares, con objeto de ir desdibujando una cultura que se sustenta en el desprecio a lo femenino y sus representantes.
Asimismo, un observatorio de medios de comunicación podría atenuar los contenidos televisivos sexistas. Y desde luego, se trata de al mismo tiempo que se continúa estimulando la cultura de la denuncia, la sociedad civil organizada presione para que las instancias castiguen a los culpables, como ocurrió con K. Spacey, a quien le fue cancelado su contrato de la popular serie televisiva House o cards por lo agravios que perpetró.
Desde la lejanía del siglo XVIII resuenan las sabias palabras de Charles Fourier: “El grado de desarrollo de una sociedad bien puede medirse por el desarrollo que alcanzan las mujeres”. Es claro que no lograremos un pleno desarrollo de nuestras capacidades y talentos mientras el derecho a la seguridad esté vulnerado.
LAST BUT NOT LEAST
Pero hay otra forma de acoso que padecemos las/os ciudadanos en México y que afecta nuestra convivencia cotidiana: el acoso electoral, esa persecución incansable que de nuestro voto realizan los partidos políticos cada vez que se inician los procesos electorales. Mucha tinta ha corrido acerca de si se deben recortar los millonarios subsidios a los partidos políticos para que divulguen sus propuestas políticas; sin embargo, en los últimos diecisiete, dieciocho años, las campañas políticas se han convertido en pasarelas mediáticas, en las que los aspirantes a un puesto de elección están más preocupados por su apariencia, y en lugar de tener una buena estrategia que comunique sus plataformas y proyectos, se dedican con afán a disfrazar las arrugas y las canas, si no con los cosméticos, con el prodigioso photoshop.
Otro de los rostros oscuros de las campañas se da cuando, mediante la denostación lodosa, se busca descalificar al rival político, cueste lo que cueste. Y desde luego, la inducción económica al voto. Transformaciones mediáticas de la democracia, diría Sartori.
En este escenario, por todos conocido, por todos padecido, cabe señalar que las campañas electorales y su inclemente bombardeo, en lugar de propiciar un debate político con base en el conocimiento de los postulados y propuestas de las y los contendientes, alimenta el hartazgo o la indiferencia. Pues muchas personas, apenas inicia la propaganda política, bajan el volumen de sus receptores radiofónicos o televisivos, con tal de librarse un momento del acoso electoral.
Algunos de los más jóvenes buscan en las redes sociales revertir el verticalismo de los procesos comunicacionales tradicionales, y se buscan el debate y la discusión, lo cual resulta afortunado en momentos de coyuntura política como las elecciones.
El acoso electoral como una invasión a la privacidad de nuestros consumos mediáticos y culturales, así como el acoso sexual a las personas, en particular a las mujeres y a l@s niñ@s son asignaturas pendientes en nuestro tránsito a la democracia.
