Autosexismo, medios de comunicación y deportes

Mayo, marzo, meses en los que por diferentes motivos las mujeres son protagonistas de los medios de comunicación, pero mientras mayo agoniza y da un respiro a los gastados bolsillos de millones de familias mexicanas que se volcaron en la festividad para las madres, todavía hay algunos detractores del Día Internacional de la Mujer, quienes guardan los petardos.

Poco a poco se acalla el diálogo interno de uno de estos varones, que exclama para sus adentros: “¿Qué quiere el viejerío si están en todos lados?”, mientras traga saliva al ver en  la pantalla la figura de una mujer cuya minúscula vestimenta hace prescindible su atención sobre cualquier glosa, que la comentarista en minifalda y blusa de generoso escote, pudiera hacer  acerca de alguna hazaña de los héroes del balompié.

Ciertamente, en el mundo contemporáneo las mujeres tienen una presencia indiscutible en los medios de comunicación, pero no se trata solamente de que trabajen en esta redituable rama productiva, cabe cuestionarnos cómo participan. Al igual que en los talleres mecánicos se estila  colgar calendarios con “pura encuerada”, como diría mi tía Prudenciana; en años recientes, se han incorporado a los programas televisivos dedicados a los deportes, muchachas como parte del espectáculo visual “para caballeros”. En ciertos segmentos mediáticos proliferan, chicas con licras entalladas y  vistosos zapatos,  sin tomar en cuenta que cada vez hay más mujeres practicando exitosamente actividades deportivas y por tanto interesadas en los reportes noticiosos de las mismas. No creo que el público femenino, aumentara si los cronistas deportivos aparecieran con las camisas abiertas y los pantalones apretadísimos. No se trata de eso.

La utilización del cuerpo de las mujeres para aumentar las ventas,  como una mercancía más, ha sido ampliamente denunciada por las feministas y los/las expertas en género, para quienes esta cosificación es la base de una sociedad machista que desprecia a las mujeres,  donde impera la violencia y en particular el feminicidio.

Como ha dicho Carlos Monsiváis: “El sexismo no es una conjura, ni una emboscada, sino, más metódica y negociadamente, una organización. La organización deliberada, alegre, exaltada, melancólica, inclemente, tierna, paternalista de una inferioridad. No otra cosa es el sexismo, una suma ideológica que es una práctica, una técnica que es una cosmovisión”.  Debido a este sistema de valores y creencias, no es de extrañar que tantas mujeres de los más diversos sectores sociales manifiesten el “síndrome sin tetas no hay paraíso”, y se practiquen cirugías que moldean sus cuerpos, a riesgo de su salud e integridad física, con tal de lograr no sólo “las miradas masculinas” sino ascensos sociales y económicos.

Sin embargo, además de las comentaristas deportivas que incurren en prácticas autosexistas, como es focalizar la atención de los espectadores en sus cuerpos, más que en la pertinencia de sus editoriales y contenidos.

En nuestro país, destacan el profesionalismo de diversas periodistas deportivas como es el caso de Marisa Lara, quien es un símbolo de la cadena deportiva ESPN o Gaby Fernández de Lara, extraordinaria comentarista de Televisa o Marion Reimers de FOX Sports, cuya sólida formación, es su carta de presentación en un medio tan masculino y competitivo como el periodismo deportivo.

 “Poner belleza en el entendimiento, y no (tanto) entendimiento en la belleza”, como recomendaba Sor Juana, es un camino que habrá que cultivar si queremos dignificar la presencia de las mujeres en los medios de comunicación y la sociedad toda, más allá de el Día Internacional de la Mujer.

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