Y sí… degradan a Luisa María

Adrián Rueda

Adrián Rueda

Capital político

Del “yo no me voy de Morena”, al “es un honor que la Presidenta me haya invitado a formar parte de su gabinete”, Luisa María Alcalde fue degradada políticamente, pues deja de ser la cabeza del partido oficial, para ocupar un cargo secundario junto a Claudia Sheinbaum.

Sin dignidad alguna —pues no quería irse— hoy Alcalde se dice gustosa de ser la nueva consejera jurídica, un puesto que en apenas año y medio han ocupado tres personas diferentes, lo cual demuestra que sólo es usado como receptáculo de quienes no dan el ancho en otras áreas.

La primera titular de la Consejería Jurídica con Sheinbaum fue Ernestina Godoy, que dejó la posición para sustituir a Alejandro Gertz en la Fiscalía General de la República, lo que para ella fue un ascenso, aunque no para el país.

En sustitución de Ernestina llegó Esthela Damián, quien no había encajado en el equipo de Omar Hamid García Harfuch en la Secretaría de Seguridad Pública, y fue movida a esa área, de la que se irá para buscar la candidatura al gobierno de Guerrero, de donde es originaria.

Se puede decir que para ella también representa un paso hacia adelante, pues muy probablemente ganará la gubernatura.

Pero en el caso de Luisa María, obviamente es un castigo, porque además de asumir un cargo de poco interés para la Presidenta, la saca del juego político en la definición de candidaturas, y prácticamente destruye sus sueños de ser jefa de Gobierno de la CDMX en 2030.

La obliga a seguir caminando en cargos burocráticos para los que no tiene preparación. En 2018 Andrés Manuel López Obrador la hizo secretaria del Trabajo, y al final de su sexenio, secretaria de Gobernación; nadie la tomó en serio.

Ante de irse a su rancho, el tabasqueño la impuso en la dirigencia de Morena, de donde ayer se despidió destacado como sus máximos logros la credencialización de la militancia y el aumento del padrón interno; nadie la recordará por eso.

La recordarán porque como presidenta morenista perdió las dos únicas elecciones que le tocó enfrentar, en mancuerna con Andy López Beltrán: Coahuila y Durango.

Ése es el legado de una presidencia en la que confirmó que no es lo mismo asumir un cargo burocrático, donde alguien más toma las decisiones —como será en la Consejería Jurídica— que coordinar a las salvajes tribus morenistas.

Su salida de Morena es un salvavidas para ella, pues desde que llegó Citlalli Hernández a levantarle el tiradero, había pasado a ser un simple florero. Si presume haberlo hecho tan bien como dirigente, por qué entonces la corrieron.

Ni modo que porque su presencia fuera vital en la Consejería Jurídica: fue degradada.

CENTAVITOS

El asesinato de Edith Guadalupe, muerta luego de asistir a una entrevista de trabajo, y cuyos familiares denunciaron que en la Fiscalía de Justicia de la CDMX les pidieron dinero para agilizar la búsqueda, confirma que quienes alertaron que Bertha Alcalde no era la idónea para el cargo tenían razón. En diciembre de 2024, el Consejo Judicial Ciudadano, órgano que entrevistó a los aspirantes para fiscales, descalificó a Bertha por reprobar los exámenes de confianza. De manera milagrosa, una semana después olvidaron que les había mentido al ostentarse como maestra en Derecho por una universidad de Nueva York, cosa que era falsa. Esa simple mentira la descalificaba para un cargo tan importante, pero entonces una sugerencia de Palenque le dio la vuelta al asunto y fue así como llegó a la Fiscalía, con los resultados que todo mundo está viendo.