Bienvenidos sean, mis amados fama-lovers. Al momento de escribir el Fama-sutra, no había jugado México, así que no quiero aventurarme; si ayer ganamos, seguro amanecimos con harta sed y, si no, pues la cruda moral. Al final de todo es un juego que no termino de abrazar como una de mis pasiones, soy aficionada sólo por botanear y ver a mis hijitos saltar en la playera oficial que les regalaron Gustavo Adolfo Infante y Verónica, su esposa. Así que, a lo que te truje, Chencha.
Si el espectáculo fuera una cancha de balompié (hago un paréntesis en esta palabra: balompié. Porque como quise verme muy conocedora de futbol la usé en mi metáfora, pero como creí que se escribía no es lo correcto; la busqué en Google y resulta que no se escribe “balonpíe” sino “balompié”, ¡ora! Pero ¿por qué “balompié” si es un compuesto de balón y pie y no un compuesto de balom y píe, ¿que no? ¡Pues no!, que se escribe “balompié”. Contrariada, regreso a mi idea).
Si el espectáculo fuera una cancha de balompié, Gabriel Soto sacaría tarjeta roja. ¡Miren que ser protagonista en las novelas y antagonista en la vida real! Creo que el público puede perdonarle a un galán todo, lo veo con Soto. Cuando esperaba su primer bebé, él nos decía en entrevistas que había sido “chiripazo”, que ya ni andaba con Geraldine, que ni planeado ni buscado, casi casi había sido atrapado el hombre. Aun así, no tuvo una, sino dos princesas con la guapa Geraldine.
Pasaron años para cuando la pareja santificó su unión; poco después se dio el escándalo con Irina Baeva, Soto estaba metiendo goles en otra portería. En entrevista con Gustavo Adolfo dijo que se casó sin estar enamorado... así de gacho. Pero no fue lo peor, el galán admitió que había sido infiel en tres ocasiones. Sí, eso dijo. Y el público a quien andaba tatemando en leña verde era a Irina, que sí tenía una corresponsabilidad moral, tal vez, pero no era ni la casada ni el padre de familia en ese triángulo de amortz.
Total que, luego de años de esperar una boda entre
Irina y Soto, se acabaron los pretextos y salió el peine: habían tronado. Pero lo peor fue que mientras ella revelaba haberse casado en secreto, Soto la supernegó asegurando que las fotos y videos de una boda en su casa de Acapulco eran sólo una “sesión de fotos”. El público se la volvió a perdonar. Al cabo que a la pobre de Irina ni la querían, supóngome yo. En ese tiempo yo sí salí a criticar, pero fue el mismo Soto que, en aras de una reconciliación, terminó por admitir su nada honorable declaración y ofreció disculpas a su ex admitiendo que, en efecto, sí se habían matrimoniado. ¡Zaz! ¡Traka! ¡A la...!
Aun así, ni volvieron ni pasó nada... el público siguió amando a su cotizado protagonista. Peeeeeroooooooo (siempre sale un “pero”) a Gabriel le llegó la horma de su zapato. Apenas estaba presumiendo las primeras fotos de un noviazgo con su terapeuta-nutrióloga cuando La Sinclair dijo: “conmigo no, chiquito”, y que, al estilo de Geraldine también sacó el calendario, las postales, las fotos y nos armó todo un mapa del mitote o mapa del tesoro, como quieran decirle, sobre las mentiras de Gabriel Soto. El actor y ella tuvieron un noviazgo intenso de más de un año en el que él casi era papá de su hijo, pasaron la Navidad juntitos, ella compraba regalos a las niñas y de la nada la dejó y empezó a salir con la terapeuta de ambos.
En respuesta, Soto dijo que ella estaba casada, que él quería ser imagen masculina para el menor, pero no su papá; que él ya no quiso andar, que se sentía usado porque en ese tiempo que el ex de La Sinclair no dio pensión, Soto le pagó gasolina, despensa y un tratamiento hormonal, pero que eso no le correspondía a él.
Vayan ustedes a saber quién dijo la verdad o quién la maquilló a su favor, eso sólo ellos y sus sábanas lo saben, pero lo que sí es de analizar fue la reacción del público. Su Soto puede ser todas mías, puede poner cuernos y hasta negar una boda... ¡aaaaahhhh, pero cuentachiles no!
O sea, Soto podrá haber rodado de acá para allá, ser de todo y sin medida, pero les juro por Dios que cuando empezó a hacer cuentas de los gastos que le costó su gusto, dejamos de corear la rola.
Las críticas contra Gabriel se pusieron de a peso. ¿Cómo que le estaba cantando hasta la gasolina a su novia-mamá-luchona? Eso sí que no. ¿Un galán puede ser todo menos tacaño? No tengo la biblia de las relaciones en la mano como para responder a eso. Pero como aquí no somos políticamente correctos, sino chismosamente honestos, diré que en este mundo matraca un galán papatzulli que nos haga sentir cositas de mujer no sólo debe ser chulote, para muchas mujeres también debe resolver. Y ya sea que nos abra... el frasco de la mayonesa, nos caliente... nuestro lado de la cama o nos acomplete el gasto, nada es a la fuerza. Si Soto sacó su cartera fue porque quiso y creo que, al terminar una relación donde los dos se conocieron hasta la caries de la muela del juicio, venir a desglosar lo vivido, lo gozado y lo pagado es muy poco elegante, por no decir caballeroso.
Incluso me atrevería a defender a La Sinclair en su derecho a contar su parte de la historia, de no ser por una cosita: enojada, supongo, le dijo a un colega que me cae rebién, Ernesto Buitrón, que Soto no era muy valedor que digamos en los devaneos del catre, o sea, que su desempeño no era el requerido en cuestión de tiempo. Y perdóname, chata, pero eso tampoco está padre. Si los caballeros no deben tener memoria, las damas tampoco debemos tener cronómetro.
En conclusión, el romance no cuajó, que cada quien se retire con sus lágrimas y sus pagos a la tarjeta. A Soto le digo: lo caído, caído; a La Sinclair: palo dado ni Dios lo quita; y al público de Soto les recuerdo una cosita, también los galanes son seres humanos... ¡qué profunda ando!
