Mensajes positivos para la dieta

Los mensajes negativos nunca logran acciones positivas. Calificar, prohibir o cargar de culpa a quien tiene malos hábitos resta eficacia al propósito de alimentarse bien. Y aunque suene a “sentido común”, es más complejo de lo que aparenta. Las palabras sencillas ...

Los mensajes negativos nunca logran acciones positivas. Calificar, prohibir o cargar de culpa a quien tiene malos hábitos resta eficacia al propósito de alimentarse bien. Y aunque suene a “sentido común”, es más complejo de lo que aparenta. Las palabras sencillas pueden ser muy hirientes. Pueden atropellar el pensamiento más puro. Las falsas creencias se interiorizan, señalan, imponen, lastiman. Aquí habrá que entender que la autoestima es, justamente, “auto” el griego de “sí mismo”... así que el rollo es personal. 

Desgraciadamente el valor de “bienestar” se ha arrastrado a la belleza que se imprime en revistas. Modelos con trastornos alimenticios tan gruesos que los medios se han visto en la absoluta necesidad de utilizar la tecnología para cubrir el esqueleto. Entonces nuestro pensamiento termina gateando sobre el rasero de una estética enferma. Pensamos “no comas eso que engorda mucho”, “mírate lo gordo que estás”, “qué delgado es y qué guapo”, “ya te pasaré mi dieta, te quedarás flaco”. Y todas estas ocasiones en las que se transmite esta información resulta un “apoyo” que culpabiliza y recrimina... lo que conduce al fracaso. Hecho que queda por demás lejos del fin último, que es conservar la salud.

Este siglo ha identificado la palabra dieta con adelgazar. Como si fueran sinónimos. Y no lo son. La palabra dieta viene del latín diaeta, que viene de una raíz griega que significa estilo de vida. El latín delicatus se asociaba etimológicamente con deliciae “placeres, delicias, encanto”. Así, el sinónimo de dieta es hábito o costumbre. Y el de delgado sería tenue, sutil o ligero. Ponerse a dieta es, por lo tanto, asumir normas que lleven a un beneficio. Algunas veces reglas ajenas, en gran medida obligadas, pero todas regulan cantidades y grupos de alimentos, en beneficio de la salud. Ahora esto es obvio. No todos sabemos sobre las propiedades alimenticias de los alimentos.

Seguir una dieta no debe entenderse como una acción correctiva ni ajena a la voluntad. Pero se concibe así. “Siempre está a dieta” suena al cumplimiento de una obligación, a la renuncia de un placer... a realizar un acto contra la voluntad. Cuando en realidad seguir una dieta sana es, en efecto, cumplir con unas normas, pero no estar sometido a una obligación no querida. De hecho, quien no comprende que la alimentación es un conjunto de decisiones que, bien tomadas, son la mejor alianza para la salud, tiene muchas posibilidades de caer en errores. ¿Cuántos realmente creen en las dietas milagro? El objetivo es encontrar en la comida y en la alimentación sana, equilibrada, la satisfacción de hacer lo que gusta.

En las últimas décadas, los conocimientos sobre alimentación, nutrición y dietética han experimentado profundidad científica y han abierto numerosos cauces de divulgación. Hoy se sabe que el pan no engorda, que no hay alimentos prohibidos, que las grasas saturadas bien calculadas son sanas. La ciencia ofrece la posibilidad de reiterar afirmaciones positivas y educar con argumentos y pruebas en una alimentación saludable. El metabolismo humano se ha revelado como el mejor aliado para comprender cuáles son los hábitos alimenticios correctos y, sobre ellos, educar a las generaciones futuras y a las generaciones actuales… porque, por lo visto, es también necesario.

Convencer a la sociedad de que desayunar bien es la mejor manera de comenzar la jornada, introducir las frutas y las verduras como aliadas apetecibles, atractivas y dotadas de salud dan logros a largo plazo. Recuperar las legumbres, los cocidos y los guisos, la cocina tranquila y las propiedades de las elaboraciones caseras forma parte de un nuevo lenguaje más posibilista y positivo. No hay que buscar culpables, sino encontrar en la comida y en la alimentación sana y equilibrada la satisfacción de hacer lo que nos gusta.

Fíjense, la serotonina (5-hidroxitriptamina o 5-HT) es un neurotransmisor. Un mensajero del sistema nervioso central importante en la inhibición de la ira, la agresividad y en la transformación en la sensación de buen humor. Influye también en el sueño, en la sexualidad, e incluso, en el apetito. Pues bien, 90% de la serotonina se produce y almacena en el sistema digestivo. En él ayuda a cumplir las funciones esenciales de absorción, aporte nutricional y movimientos musculares, acciones de las que depende nuestro bienestar. Esto me lleva a una sola conclusión: hay que escuchar más a las tripas. ¡No te saques de onda si no has comido y estás de malas!

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                @DoreFerriz

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