Del insomnio y la otra vida

¿Existen vínculos entre la enfermedad mental y la creatividad?

Y dice el Elogio del insomnio (Alberto Ruy Sánchez, Alfaguara, 2011): “Ave Bella, Sonámbula: Me apuro a escribirte antes de que amanezca y la luz devore todas las imágenes poseídas que en este instante me habitan…”. De eso, simple, llanamente, se trata todo lo demás: el día con su luz, la claridad, la temperatura y la actividad nos habrán cobrado siempre una cuota — paradójico en verdad— de lucidez. Nos engaña el día con una especie de fraude que ofrece vida, que protege de la oscuridad y la muerte, para luego hacernos del dormir una especie de merecimiento con su contraparte: la maldición de no dormir. Vivir de noche encierra alguna otra vida a la que tantos temen.

Para los años de Erasmo de Rotterdam los viajes debían hacerse a lomo de caballo (de asno si era uno de recursos limitados) y resultaban tan interminables como aburridos. Desiderio Erasmo decide entretenerse en sus andares jugando con palabras y conceptos para construirle a su amigo inglés Thomas More el hoy imprescindible Elogio de la locura, en el que demuestra la conveniencia de la estupidez, o en todo caso la importancia de no tomarse la vida tan en serio. More disfrutó el regalo pero hizo caso omiso de su sentido, para terminar por ello asesinado en el cadalso por Enrique VIII. La locura, a partir de entonces, se puede entender como una de tantas circunstancias en apariencia indeseables si no tiene uno el cuidado de hallarle las ventajas. Era necesario un nuevo elogio de otra de esas aversivas condiciones, esta vez el no dormir. Algunos insomnes admirables: Bill Clinton, Vincent van Gogh (bipolar, claro), la Dama de Hierro, Margaret Thatcher, y su afirmación de que “el sueño es para los débiles”, Napoleón Bonaparte, Charles Dickens, Thomas A. Edison, Alejandro Dumas, Scott Fitzgerald (bipolar, claro), Rudyard Kipling, y el más famoso de todos: el filósofo Emil Cioran, constructor de los más implacablemente nihilistas enunciados que se hayan escrito. Innegable creatividad en todos estos, quienes leen dirán: ¡trampa!, habrá legiones de insomnes que nunca pinten un lienzo, hagan versos o escriban una novela; y así será para no dormir como para tantas otras cosas, diría yo. De cualquier forma el tema se vuelve hilo conductor al mío, al que a mí y a tantos obsesiona: ¿existen vínculos entre la enfermedad mental y la creatividad? Supóngase al insomnio un síntoma y aterrícese en el médico enredo de que quienes enfermen de él habrán de hallarse en disposición de crear; eso, claro, no garantiza que tengan con qué. Alberto construyó Mogador, hogar de la mujer amada y territorio erótico por excelencia. ¿Y si en vez de eso hubiera dormido? Habrá que preguntárselo, igual que al salvador de la economía norteamericana estropeada por los republicanos, al padre de El Gran Gatsby, y a los responsables de las campañas militares que modificaron la historia y la geografía de Europa, los lienzos postimpresionistas, los cuatro mosqueteros y a todos los nocturnos productores que quienes leen quieran enunciar.

Así describe Cioran su insomnio: “Las horas no querían transcurrir. El alba parecía lejana, inconcebible. A decir verdad, no era el alba lo que yo esperaba, sino el olvido de ese tiempo reacio que se niega a avanzar. Feliz, pensé, del condenado a muerte, que en la víspera de la ejecución, al menos está seguro de pasar una buena noche”. No se asuste; Cioran era así. Ruy Sánchez lo ha vivido distinto: “La luna hila el tiempo y teje las existencias”…, “y un día hasta el cielo y la luz son intrusos.

¿No puede dormir? Elija: consulte a su médico o mire hacia adentro, que algo habrá de encontrar.

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