Reliquias y libertad religiosa…

Personajes políticos asumieron, con la jerarquía católica, el compromiso de avanzar en el reconocimiento de la libertad religiosa

Enrique Aranda

Enrique Aranda

De naturaleza política

En México, desde el pasado 17, para el inicio de una peregrinación que les llevará a las 92 sedes episcopales del país en un recorrido de 22 mil kilómetros, las reliquias del papa Juan Pablo II, ahora beato, suscitaron ya no sólo la movilización de miles de fieles católicos, sino, también, el surgimiento de un movimiento orientado a reactivar la aprobación de reformas legales que deriven en el reconocimiento del pleno derecho a la libertad religiosa.

Concluido apenas el periodo en que, de manera privada, personalidades del entorno secular, así como clérigos y líderes de órdenes religiosas, pudieron postrarse ante las reliquias —el presidente Calderón y el secretario Blake Mora, más la procuradora Marisela Morales, entre otros, además de Josefina Vázquez Mota que, incluso, “se sumó” a una misa para empresarios y líderes sociales en la Nunciatura—, en no pocos ámbitos cobró fuerza la versión de que, ahora sí, la improductiva LXI Legislatura reactivará el estudio de las iniciativas de reforma al artículo 24 constitucional que obran en su poder… y que, en el limbo de San Lázaro, duermen el sueño de los justos.

¿A qué el optimismo? A que no de ahora, sino desde 2010, coordinadores de las principales fracciones legislativas —Rojas, Vázquez, Encinas, Navarrete, etcétera— y otros personajes políticos asumieron, con la jerarquía católica, el compromiso de avanzar en el pleno reconocimiento de este derecho, adecuando la legislación sobre la materia a los tratados internacionales signados por México.

Ahí está, objeto de tales conversaciones, la iniciativa del priista Ricardo López Pescador (18/03/10) que, en esencia, propone reconocer el derecho a la libertad de conciencia, su delimitación constitucional y el de la libertad de religión, que incluye: la de tener o no tener creencias o religión, así como la libertad de manifestar su religión o creencias, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, además del explícito reconocimiento de la libertad de los padres para garantizar que los hijos reciban la educación religiosa o moral acorde a su convicción, sin que ello implique enseñar religión en la escuela pública.

También, las de los senadores Rubén Velázquez del PRD y Santiago Creel del PAN que, en esencia, plantean lo mismo pero que, en el primer caso, excluye deliberadamente el derecho de padres o tutores a garantizar que sus hijos reciban educación religiosa o moral de acuerdo con sus convicciones e incluye la libertad de pensamiento que no necesariamente refiere a creencias morales o religiosas y, en el segundo, ignora el mismo derecho de transmisión a los vástagos y comprende, sí, toda una defensa de la libre manifestación, en público y en privado, del respectivo credo.

Interesante momento éste, pues, que, en principio, habrá de prolongarse hasta el 15 de diciembre, cuando las reliquias regresarán a Roma. Hay quien insiste que en ese lapso habrá noticias sobre un tema pendiente de solución… Uno más.

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