Sebastián Lerdo de Tejada, escritor

Lo leí y descubrí que hubo presidentes cultos, con gracia. Mi madre afirmaba que era apócrifo.

En la biblioteca materna estuvo un ejemplar antiguo: Memorias inéditas de D. Sebastián Lerdo de Tejada, cuyo año de publicación era 1890 y el punto de edición, Laredo, Texas. Lo leí y descubrí que hubo presidentes cultos, con gracia y fina ironía. Mi madre afirmaba que era un libro apócrifo. No lo creí hasta que el historiador Ernesto de la Torre Villar, mi maestro, me contó el origen del libro. No me importó gran cosa que le atribuyera la paternidad del excelente libro a otra persona. Para mí, joven en esa época, lo escribió Lerdo de Tejada, un político agudo y talentoso que estuvo con Benito Juárez en los momentos más dramáticos de la República y quizá del país como nación independiente.

En un mar de políticos que han escrito libros tediosos para justificar su paso por el poder, éste sobresalía por su talento y buen humor. No me parecía el de un hombre derrotado que fue a morir a Nueva York, desde donde presenciaba la consolidación de una dictadura que empezó declarando que la de Tuxtepec sería la última revolución si ningún hombre se afianzaba en la Presidencia. Mi admiración se hizo sorpresa cuando José Fuentes Mares publicó Don Sebastián Lerdo de Tejada y el amor, cartas que el mandatario de origen veracruzano le envió a una mujer amada, algo enigmático, que ponía al descubierto la timidez de un hombre que enfrentó con temeridad a enemigos poderosos y terminó derrotado por Porfirio Díaz, criticado por Manuel Payno en 1882 y justificado a medias por Justo Sierra. La historia, contada en detalle en el ameno prólogo de Fuentes Mares, pudo conmoverme. Malamente tratado por la historia oficial, Daniel Cosío Villegas y Frank Knapp inician el rescate del hombre de discreta vida privada, el único mandatario mexicano célibe. Como prueba de su prosa quedan esas cartas de amor a Manuela Revilla.

Ahora la SEP reedita la obra y en una introducción documentada e inteligente, Alonso Lujambio descubre todo el misterio que cubría la obra. En estos días de fastidiosas novelas de tema histórico, donde se inventa todo con tal de vender en un discutible intento de conmemorar el Bicentenario y Centenario, reaparece esta obra ejemplar que apenas ha sido leída y poco comentada. El estilo, explica Lujambio, apoyado en diversas fuentes confiables, corresponde al modo de hablar de don Sebastián y las ironías que aparecen eran propias del mandatario expulsado de México por Porfirio Díaz. Tengo claro el recuerdo de una noche en casa del dramaturgo Hugo Argüelles, en que leímos muchas páginas de la obra atribuida a Lerdo de Tejada y cuyo autor ahora aparece en la portada: Adolfo Rogaciano Carrillo. Hugo resaltaba las bromas que el mandatario hacía de sus contemporáneos y en particular de sus enemigos. Es posible imaginar el malestar de los admiradores del general Díaz cuando el libro fue publicado en plena dictadura: produjo persecuciones y muertes de lerdistas y a Rogaciano, maltratos.

El libro es una hermosa edición que contiene, aparte del análisis citado, algunas fotografías publicitarias de la obra, y el prólogo de Rogaciano, que le fue añadido en la edición de 1926. La investigación de Alonso Lujambio nos lleva al encuentro entre Sebastián Lerdo de Tejada y Adolfo Rogaciano Carrillo en Nueva York. Historia escasamente conocida. Ella permite saber que, con vivacidad, el segundo pudo entrar en la mente y los recuerdos del primero. De allí el trabajo y la confusión. No es infrecuente que un escritor logre meterse en el estilo de algún poeta o narrador. Hemos visto poemas atribuidos a Borges o cartas de despedida de García Márquez. Por un tiempo la duda persiste y eso que en el último caso, el autor la negó. Sin embargo, lo que hizo Rogaciano Carrillo, con los materiales que don Sebastián le narró, es una hazaña de singular mérito. Un libro fascinante que debe ser leído, no tiene desperdicio.

                *Escritor y periodista

              ravilesf@prodigy.net.mx

              www.reneavilesfabila.com.mx

 

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