Simple: ¡terrorismo!
A la luz de los hechos en el Casino Royale regiomontano, debemos hablar ya de terrorismo.

Enrique Aranda
De naturaleza política
Hace no muchas semanas, un respetado miembro del primer nivel de nuestras Fuerzas Armadas compartió con el autor de este espacio sus personales reflexiones y preocupaciones sobre el escalamiento de la violencia, producto de la lucha contra el crimen organizado a niveles comparables con los que alcanzan acciones realizadas por organizaciones (explícitamente consideradas) terroristas y planteó, en esa misma oportunidad, una petición que entonces pareció atendible.
Militar de alta graduación, acostumbrado a llamar al pan, pan y al vino, vino, nuestro interlocutor de aquella charla evidenció su zozobra y un mal disimulado malestar ante el (desde su perspectiva) “irresponsable uso que, en los medios y a nivel social, en general, se hace de términos tales como terrorismo y narcoterrorismo…” para tipificar acciones realizadas por los grupos criminales en su enfrentamiento con las fuerzas del orden, particularmente la utilización de los denominados autos-bomba, o la realización de narcobloqueos.
Ustedes, la gente, no entienden lo que la palabra terrorismo produce a nivel social, “el temor y la incertidumbre (no declarada) que se apodera de las familias y se traslapa luego a escuelas, fábricas, a las calles…” o, por ejemplo, lo que ello causa del otro lado de la frontera: “a los gringos, el terrorismo los saca de quicio” y mueve a su gobierno a asumir actitudes que, en otra circunstancia, no adoptaría, reflexionaba el hombre de incuestionable lealtad a México, al uniforme que porta y a sus jefes: “el Comandante Supremo y mi general secretario” para, después, solicitar, omitiéramos el uso del término citado, u otros relacionados, en este espacio. Así lo hicimos.
Hoy, a la luz de los hechos en el Casino Royale regiomontano, que costaron la vida a medio centenar de ciudadanos inocentes, buena parte de ellos mujeres, debemos hablar ya de terrorismo —o narcoterrorismo si se quiere—, ante cuyas manifestaciones, las tradicionales respuestas de las distintas instancias de gobierno, tanto a nivel estatal y municipal como federal, resultan insuficientes, no bastan. Suenan irresponsables y evidencian indolencia e incapacidad en el cumplimiento de una tarea que les es propia, de su exclusiva competencia: garantizar la seguridad y bienes de los gobernados.
¡Cuidado! A escasos diez meses de acudir a las urnas para elegir a un nuevo jefe del Ejecutivo, hechos como el que nos ocupa, no constituyen el mejor de los augurios y su sola condena, la expresión de condolencias a los directos afectados o la promesa de investigar hasta las últimas consecuencias, simplemente no bastan…
Asteriscos
* Comenzó ya la distribución de las invitaciones a la presentación —5 de septiembre, Teatro Morelos— del VI Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto que, apenas deje el gobierno estatal un par de semanas después, y luego de un breve período de descanso iniciará, desde el flanco tricolor, el abordaje formal de la Presidencia.