Alamar: al amor, a la vida

Tómese un tiempo para decirles a sus hijos que los quiere y que son su esperanza.

En 2005 los realizadores Pedro González Rubio y Carlos Armella obtuvieron el premio al mejor documental en el Festival Internacional de Cine de Morelia con Toro negro. Los dos formaron un pequeño equipo, fotografiaron y descubrieron la intimidad de un joven de la región maya que sueña con ser torero, colándonos en su vida privada, al igual que los dos cineastas, conocemos a Fernando Pacheco al que llaman El suicida, que a sus 23 años es honesto y tesonero con objetivos muy claros, pero que lucha contra sus demonios en un mundo machista y que tiende al alcoholismo y a la violencia doméstica que ha vivido en carne propia y que también ejerce.

Moviéndose con su cámara entre los habitantes del lugar nos llevan a las fiestas, las corridas de toros, pero también entramos al humilde hogar de Fernando, en el que por momentos él y su pareja se olvidan de la presencia de la cámara y tienen violentas peleas de las que Pedro y Carlos son testigos al igual que los espectadores. Es curioso que por momentos los protagonistas,  que no están actuando y no son actores profesionales, se olvidan de la permanente presencia de la cámara y se desprenden del pudor y los reparos sin fingir por sentirse observados.

Lo mismo pasa en Alamar, el más reciente trabajo de Pedro González Rubio, que ha transitado con éxito por festivales y se estrena el día de hoy en un reducido número de salas. Filmada en 2009 dura menos de 80 minutos y de nuevo es una exploración intimista, muy humana, poética y a ratos contemplativa acerca de Jorge Machado, originario de la zona maya del Banco de Coral de Chinchorro, que tras una breve relación con una turista italiana tuvo un hijo de nombre Natan Machado.

González Rubio que en este trabajo vuelve a optar por un cine personal, diferente, no comercial y de gran emotividad ahora mueve la narración entre el falso documental, el documental y ciertas secuencias de ficción. Demuestra que para contar la historia del amor entre un padre y su hijo hay que tomar los elementos de la vida misma, de la realidad, y dejarlos fluir, simplemente liberarlos y esperar a que piquen, como lo hacen los pescadores de su historia. La trama es particularmente sencilla, pero tiene magia sin duda.

Por razones obvias la relación entre Jorge y la italiana no prospera y Natan se va a vivir con su madre a Roma. Alamar registra los días que pasa con su padre en una especie de despedida en las costas de Quintana Roo en el Banco de Chinchorro. Jorge, que se interpreta a sí mismo, es un hombre joven que no usa zapatos ni camisa, lleva el pelo en largos rizos y tiene una peculiar sabiduría.

Él no le da a su hijo una pantalla de plasma, ni un gameboy, tampoco internet o un celular, ni luz eléctrica ni ropa de moda, ni un club o una computadora, nada de eso. Lo que puede ofrecer a su hijo es una lancha, la inmensidad de un mar de impresionante belleza en el que lo enseña a bucear y descubrir la vida sumergida en él, una rústica casa de pescador, la emoción de la pesca, un estrecho contacto con la naturaleza, es decir, con sus propias raíces, un sol radiante, noches estrelladas, un buen pescado en la mesa.

La relación entre el padre y el hijo está fundada en el amor y la enorme ternura que se prodigan dentro de su universo masculino y aquí dan ganas de preguntarse ¿quién es más rico?

Tuve la oportunidad de ver Alamar por segunda ocasión en una proyección especial en la Mega Pantalla del Museo del Papalote. Había muchos niños pequeños y para ser franca pensé que iban a portarse muy mal. Cuál sería mi sorpresa cuando los vi enmudecer cautivados por la historia de ese chavo con una vida tan distinta a la de ellos, niños de la ciudad más poblada del mundo, invadida de ruido, concreto e insensibilidad en la que nos hemos olvidado de expresar el amor. Después hubo una sesión de preguntas y respuestas con el propio Pedro González Rubio, quien mostró un interés especial por las

reacciones de su público infantil.

Alamar es también una llamada de atención hacia uno de tantos rincones en peligro de extinción de nuestro territorio. El Banco de Chinchorro es una reserva riquísima que podría desaparecer en menos de 20 años de continuar la marcha de asentamientos, urbanización descontrolada, avance turístico. De ahí la importancia de que usted la vea con sus hijos o nietos. 

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