Beatriz Paredes... ¡vuelve!
Lamento informar a todos mis amigos de Coahuila que difícilmente llegarán a saber en qué se gastaron esas inmensas cantidades de dinero, pues el Congreso local ya impidió cualquier auditoría.
La prensa nacional, una eficiente herramienta de profilaxis política, ha venido revelando en las últimas semanas las escandalosas alteraciones de la cuenta pública en el estado de Coahuila cuando fungía como gobernador Humberto Moreira, el actual presidente del CEN del PRI, quien, por otro lado, llegó a ocupar semejante posición política sin que se hubiera llevado a cabo una votación abierta y transparente que dejara satisfecha a la opinión pública. Tales revelaciones hacen saber que la deuda pública de dicha entidad no se remonta a los siete mil millones de pesos declarados, tal y como se anunció durante la administración de Moreira, sino que se eleva a los 31 mil millones de pesos, o sea más de cuatro veces que el dato original confesado. Con independencia del destino de esos préstamos, se debería aclarar inmediatamente la abismal diferencia respecto a la información proporcionada. En otro orden de ideas, y en lo que hace al destino de los recursos citados, lamento informar a todos mis amigos de Coahuila que difícilmente llegarán a saber en qué se gastaron esas inmensas cantidades de dinero, puesto que la mayoría aplastante de priistas en el Congreso ya impidió cualquier auditoría que pudiera llegar a evidenciar malos manejos, hurtos, desfalcos y peculados cometidos durante la gestión de Moreira. Si bien es cierto que nunca sabrán, a ciencia cierta, en qué se gastaron o se desperdiciaron esos fondos, no es menos cierto que mis paisanos del norte tienen por delante, cuando menos, 20 o 30 años para pagar la monstruosa deuda, por lo que enfrentarán una severa contracción que habrá de afectar su bolsillo, sus consumos y su empleo. ¿Qué esperarán los coahuilenses para tomar las calles y exigir una clara rendición de cuentas de sus ahorros públicos que, por lo visto, se convirtieron en botín de unos cuantos? De llegarse a comprobar que el gobierno de Coahuila, encabezado por Humberto Moreira, falsificó decretos del Congreso local para obtener créditos de manera ilegal, no sólo será de la incumbencia directa de la sociedad coahuilense protestar de inmediato ante la comisión de este escandaloso delito, sino que corresponderá a los diputados del estado comprobar la supuesta comisión de delitos relativos a la falsificación de documentos, cuya emisión corresponde a dicha representación popular. ¿No tienen la obligación legal de velar por el respeto a las instituciones y por la preservación patrimonial de sus representados?
Durante la gestión de Beatriz Paredes al frente del PRI no se observaron semejantes escándalos porque, en su carácter de presidenta de dicho partido, deseaba promover la imagen de un PRI nuevo, democrático y transparente, orientado a rescatar la confianza del electorado, por lo que muchos priistas, en estos momentos, deben estar gritando en silencio: Beatriz, por lo que más quieras, vuelve Beatriz, vuelve porque Humberto Moreira no sólo está lastimando gravemente la imagen moderna del PRI por la que tanto luchaste, sino que la catástrofe coahuilense empieza a minar la carrera presidencial de Peña Nieto, de quien se dice ser el gran responsable del encumbramiento del tal Moreira. En el caso de Beatriz Paredes nunca circularon —no podía ser de otra manera— multitud de correos por internet en donde se exhiben, sin demostrarlo, los bienes mal habidos, en Estados Unidos principalmente, del ex gobernador Moreira, así como la ubicación de diferentes miembros de su familia y de amigos cercanos en su gobierno que, se dice, igualmente cometieron cuantiosos fraudes que ahora se pretende ocultar a los coahuilenses.
Si las acusaciones de falsificación de documentos y de delitos de peculado que han aparecido en las primeras páginas de la prensa fueran falsas ya habríamos asistido a una defensa masiva, intensa y efectiva promovida por el PRI local y nacional, sólo que esta defensa no se ha dado por una razón muy evidente: ningún priista, medianamente sensato, es capaz de meter la mano al fuego en defensa del presidente de su partido porque no ignoran que bien podrían caer en ridículo o ser identificados sospechosamente como presuntos cómplices del máximo líder priista en la actualidad. ¿Sería que Moreira pensaba que, una vez instalado en la presidencia del PRI, se convertiría en un intocable políticamente y que nadie se atrevería a exhibir la cadena de cuantiosas irregularidades por las que, tanto él como los suyos, son acusados en la prensa? El primer gran preocupado por este nuevo escándalo priista, después del Pemexgate, debe ser Humberto Moreira, pero quien en la jerarquía de las alarmas debe estar más agobiado, sin duda alguna, lo debe ser el propio Enrique Peña Nieto, quien no desea ver dañada su carrera política ni la de su partido. ¿Si hoy en día el presidente del PRI ya es acusado de hechos penados por la ley, a dónde va entonces Peña Nieto en una campaña presidencial al lado de Moreira? ¿Será posible que no desee aparecer retratado a su lado por ser inconveniente cualquier asociación o vinculación con él?
Si los priistas apoyan a Moreira a pesar de todo, malo, muy malo; si por otro lado, lo destituyen, malo, ¿pero no tan malo..?
Si Beatriz volviera, hasta los columnistas y articulistas críticos del PRI le aplaudiríamos, pero, lamentablemente, como las golondrinas, no volverá…
*Escritor
