Cuidado con el que se ahoga; puede hundir a los que se lanzaron a salvarlo

Los políticos a punto de sucumbir son aquellos que recurren al endeudamiento excesivo con miras a generar una engañosa prosperidad.

Una imagen conocida muestra a una persona que se ahoga y pide ayuda al tiempo que otra se lanza en su rescate para terminar, minutos después, ahogados ambos.

La razón de la doble desgracia, es simple, pero no por eso menos trágica y dolorosa; radica en el hecho de que el que está a punto de ahogarse, presa de la desesperación al ver cerca su muerte, le es imposible conservar la calma y seguir las indicaciones del que se lanzó para salvarlo. Éste, dispuesto a correr riesgos por salvar a un semejante, no tomó en cuenta –en momento alguno– la posibilidad de la desesperación del que sin saber nadar, se lanzó al agua donde ambos terminan perdiendo la vida.

Lo que describo en los dos párrafos anteriores, se ve con más frecuencia de lo que pensamos en otras situaciones que nada tienen que ver con la natación sino con la irresponsabilidad del que habiendo visto las películas de Johnny Weissmuller en el papel de Tarzán, cree que con eso ya sabe nadar como aquél y se lanza al agua aún cuando carece de todo conocimiento en natación.

La política sería, quizás, la actividad donde más y mejor pareciere repetirse la imagen del que pretendiendo salvar al que está a punto de ahogarse, sucumbe con él. ¿Cuántas veces no hemos visto a un político bisoño y ambicioso –¿también irresponsable?–, estar a punto de sucumbir por su conducta en la gobernación y ya sus correligionarios –experimentados y capaces–, acuden a salvarlo de la defenestración cuando no de la cárcel?

Sin embargo, así como no todos los intentos de salvamento del que está a punto de ahogarse terminan en una doble tragedia, tampoco los intentos de salvar a un político a punto de hundirse son exitosos.

De muchos y muy diversos factores depende el que en este último caso fracase el intento de salvar a un político a punto de irse al precipicio, y “mueran” con él los que acudieron en su ayuda; éstos, no obstante su experiencia, al no hacer un análisis objetivo del peligro a enfrentar, corren la misma suerte trágica de aquél.

Los políticos a punto de hundirse, son aquellos que dejan de lado toda prudencia en la gobernación y recurren al peor de los instrumentos: el endeudamiento excesivo con miras a generar una engañosa prosperidad; son, además, el peor peligro que enfrentan los partidos que están interesados en construirse una imagen de seriedad y ser garantes de una gobernación responsable.

Por otra parte, los agentes económicos tienen en muy alta estima una conducta responsable y madura en la gobernación cuando se trata de contratar deuda. La austeridad, el manejo correcto del crédito y la eficiencia en el uso de los recursos, son los elementos que definen un buen gobierno; en consecuencia, el gobernante que utiliza el crédito en obras que apoyan y facilitan el crecimiento y generan su fuente de pago, practica una gobernación responsable, pues hace un uso óptimo de aquél; por el contrario, los que lo usan para otorgar subsidios y dádivas que buscan el voto fácil, además de demagogos son un pasivo y pesado lastre.

Por eso, cuando un gobernante hace esto último y dos distinguidos correligionarios acuden a “salvarlo” sin medir el peligro, corren el riesgo de irse al fondo junto con él. ¿Aquí y ahora, vemos algo parecido?

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