Energía y política
La agenda de la ansiada reforma política no puede pasar por alto el tema energético.
La realidad gobierna, tarde o temprano. Las circunstancias alcanzan a los actores de la vida y los sujetan a las férreas cadenas del mundo. El discurso, si se aleja de eso, tiende a generar espacios opacos, oníricos, que pasan la factura de ajuste a la sociedad, la política, la economía y se impone adecuar palabras e ideas a cifras y hechos. Por eso, hay temas que irrumpen en la agenda pública y, aunque pudiéramos pensar que son nuevos, se trata en realidad de estallidos de situaciones que se han gestado a lo largo del tiempo.
La agenda de la ansiada reforma política no puede pasar por alto el tema energético, pues, acostumbrados a disponer de energía en todo, hasta cuando nos enteramos de la crítica situación de México y el mundo, reflexionamos algo sobre el futuro. En realidad, el tiempo que queda para tomar decisiones no es mucho, es improrrogable y no entenderá de acuerdos políticos o hechos simbólicos. Hace algunos años, se discutía aún si existía el cambio climático; hoy, esa discusión resulta ociosa. Hay que emprender mecanismos para crear formas de generar energía más amigables con el medio ambiente y, como el hecho científico lo demuestra, las alternativas no parecen ser suficientes para suplir las tradicionales y se hace necesario, no sólo renovar las fuentes, sino hacer más racional el uso, generando parámetros sociales que, a la larga, modifiquen los estándares de consumo, porque la sociedad no puede seguir viviendo con los hábitos actuales y que nos dañan. Por otra parte, hay que discutir el tema de la energía nuclear y su uso pacífico y seguro. Está a la vista que el petróleo no será suficiente en algunos años y que el que nos resta dificílmente resultará costeable.
El tema petrolero ocupa el centro de esta discusión. Pemex sigue siendo el pilar de la economía nacional y de ahí que los ciudadanos debamos pagar precios altos por los combustibles y que, sin embargo, la explotación económica de la empresa no le permita crecer o mantenerse en los términos deseables. La reforma energética está hermanada con una fiscal inteligente, para que el presupuesto federal dependa menos de la explotación petrolera y más de otros ingresos, Pemex podrá ser más eficiente, justamente cuando más lo necesita.
El fantasma de la escasez del petróleo nos acecha constantemente, pero al observarlo, sólo solemos referirnos a los combustibles, sin embargo, hay que pensar también en los plásticos utilizados cotidianamente, en miles y miles de artículos de consumo que, tarde o temprano, deberán ser sustituidos. Como con el tema fiscal, una reforma a la educación superior y a la investigación científica está ligada a una correcta mejora del consumo de hidrocarburos; urge impulsar la investigación científica a fin de alcanzar ese futuro que no siempre se ve tan halagador como quisiéramos.
La más reciente campaña publicitaria de la CFE recuerda a Einstein, en lo de que la mayor fuente de energía, superior al átomo y a otras, es la voluntad. Cierto, una parte importante de estos cambios necesarios está en la voluntad de los actores políticos para alcanzar acuerdos porque, después de todo, en este tema, quizá como en ningún otro, el tiempo y la realidad serán inclementes.
*Profesor de la Facultad de Derecho. UNAM.
